¿Qué hay entre el Sol y Luna?, pues hay una serie de personajes a los que el azar y el mundo de las casualidades, como ya ocurriera en Los amantes del Círculo Polar (1998), ha llevado a reunirse en una isla del Mediterráneo.
Julio Medem, para algunos utilizando el sexo como uno de los reclamos, nos muestra una buena y bonita historia de amor ante todo, a pesar del contenido sexual. La película refleja, en parte, los grandes motores e impulsos que dominan la vida de Lucía, el sexo y la pasión sentimental. Ambas unidas por lo real e imaginario impreso en la novela de su pareja Lorenzo, que ilumina su mundo y a su vez la envuelve en periodos de oscuridad. A través de este maravilloso cuento Lucia nos va mostrando lo que fue su relación. Intenta descubrir en qué punto se han perdido. Nos va descubriendo las entrañas de su pareja, esos secretos que deben permanecer ocultos, pero que el destino saca a la luz, y el lado oscuro, la angustia y los temores de la figura de Lorenzo, el Sol que ilumina las vidas de Elena y Lucia que dependen enteramente de él, como fuente de energía.
La película esta llena de simbolismos referentes a la Luna y el Sol. Al igual que en las fases lunares esta nace, crece y muere, y vuelve a surgir, los personajes de Lucia y el sexo pueden volver al punto de partida y comenzar una nueva vida llena de “felicidad” ficticia, pero que irremediablemente tiene un destino fatal. Lorenzo crea para Alsi (Isla), pseudónimo de Elena en la red, un cuento lleno de ventajas en el que se puede volver y dejar atrás el dolor. También se hace referencia, bajo la atracción de la Luna, al impulso y al deseo sexual, como bien muestran las primeras escenas sexuales en el mar ante la mirada de la Luna; allí se pondrá fin al encuentro entre Lorenzo y Elena pero surgirá la vida.
Es un viaje a un mundo tranquilizador y lleno de ilusión, un nuevo comienzo para una nueva vida, también para Lucia, pero que anteriormente ya había iniciado Elena y más tarde Carlos. Lorenzo también acudirá, pero a modo de reencuentro y redención. Cálido y ardiente movido por el sexo y la incitación a el, pero que al final se retrae; un pequeño mundo de sueños nocturnos, aquellos en los que Lorenzo da rienda suelta a su imaginación con la niñera, protagonizada por Elena Anaya.
La escena más conmovedora esta acompañada de una banda sonora que estremece; es aquella en la que Lorenzo "el farero" regresa a su isla y por arte de magia se reencuentra con Elena, madre de su hija, y pondrán fin a las heridas abiertas por la pérdida de Luna.
Un cuento lleno de ventajas cuya principal ventaja es lo que transmite, como logra hacer Julio Medem.
MIGUEL ÁNGEL ACOSTA RODRÍGUEZ



