martes, 22 de septiembre de 2015

Crítica de 'LA CAMARERA LYNN' (2014) de Ingo Haeb






Ingo Haeb refleja a través de la protagonista de su último film, una camarera de hotel de nombre Lynn, un tema tan íntimo y a la vez tan complejo como la soledad. Se sirve para ello de largos silencios y planos secuencia para mostrar la rutina diaria de Lynn, que lejos de resultar aburrida, gracias a una narrativa espléndida se torna misteriosa e interesante: ¿Por qué se comporta así Lynn? ¿Cuál es la causa de que husmee en los objetos de los clientes del hotel y que les espíe escondida debajo de la cama? El cineasta no revela nada al respecto. Sólo es evidente que Lynn rehuye su soledad espiando la vida de los demás, queriendo formar parte de ellas aunque sólo sea durante la estancia de los clientes en el hotel. 


La protagonista de la cinta de Ingo Haeb es obsesiva hasta la médula y posee una mente evidentemente perturbada que, sin embargo, no logra provocar rechazo al espectador. Más bien curiosidad por su modo de comportarse, incluso simpatía y algo de lástima. Haeb también bucea en el mundo de los deseos ocultos al introducir un elemento externo en la situación, una atractiva dominatrix (Lena Lauzemis) que somete a los clientes del hotel a prácticas sadomasoquistas acercando el relato a temas próximos al éxito literario y cinematográfico de ‘Cincuenta sombras de Grey’, pero sin caer en el mero morbo, lo que no implica que las escenas de cama carezcan de la sensualidad requerida, que de hecho está latente a lo largo de todo el film. 


‘La camarera Lynn’ evita los lugares comunes a los que parece que la historia nos va conducir, y se centra sobre todo en reflejar la mente y la vida de una camarera de hotel encarnada por la debutante Vicky Krieps (bordando su papel, por cierto). Haeb supera con nota lo que a primera vista supone un reto para un cineasta, contarnos una historia a base de silencios, planos secuencia y no dando demasiada información sobre la protagonista. No logra con ello una gran película pero sí un producto del que destaca sobre todo una interesantísima narrativa que dejará cierta huella al espectador por lo original de la propuesta, que es además una adaptación de la novela alemana de Markus Horts. 

EDUARDO M. MUÑOZ

jueves, 17 de septiembre de 2015

Crítica de 'HEIMAT: LA OTRA TIERRA' (2013) de Edgar Reitz




La última película de Edgar Reitz, ‘Heimat: La otra tierra’, en realidad es una precuela de la monumental trilogía del mismo nombre realizada para televisión en los años 1984, 1993 y 2004, donde se reflejaban los acontecimientos de la Historia de Alemania desde la Primera Guerra Mundial hasta los albores del siglo XXI a través de la perspectiva de la genealogía familiar. En esta ‘Heimat: La otra tierra’ (2013) la acción se remonta a unos acontecimientos menos conocidos pero igualmente reales  de mediados del siglo XIX, donde miles de europeos emigraban a Sudamérica en un intento de huir del hambre, la pobreza, el frío y el despotismo.



El film se centra en la figura de Jakob y su familia, quien sueña con emigrar a Brasil, país que tiene idealizado a raíz de las lecturas de los libros que consigue y para lo cual está aprendiendo incluso las lenguas de los indios de la selva amazónica. El film sigue la vida de Jakob y su familia desde 1842 a 1844 y hace testigo al espectador de acontecimientos como el florecimiento del amor, el enfrentamiento fraternal, los devastadores inviernos, la frustación, el deseo de una vida mejor, la unión familiar o la muerte. Todo ello a través de casi 4 horas de duración que divide al relato en dos partes: “Crónica de un sueño” y “El éxodo”.



Edgar Reitz es un cineasta que se toma su tiempo para contar su historia. Pero en una epopeya tan enorme como ésta sería un crimen querer ir con prisas. La historia de Alemania, como la de cualquier país, requiere ser contada en su tiempo adecuado. Pero que nadie se lleve a engaño ni se eche a temblar. Edgar Reitz es un virtuoso de la narración, y consigue atrapar al espectador desde el minuto uno. Cuando éste finalice el visionado de esta obra no tendrá la impresión de haber estado cuatro horas ante una  pantalla de cine, sino que más bien será consciente de haber asistido a un acontecimiento, no al visionado de un simple film. ‘Heimat: La otra tierra’ es el reflejo de la vida misma en un bellísimo blanco y negro y en Cinemascope, con atisbos de color en determinados objetos, técnica que retrotrae a films como ‘La lista de Schindler’ (1993) y que Reitz emplea con acierto y elegancia. La cámara de Reitz se mueve con soltura coreografiando las almas de estos personajes entre las calles del pueblo ficticio de Schabbach y los vastos campos germanos, transmitiendo un efecto hipnótico que logra mantener en todo el metraje y que resulta difícil de olvidar. En definitiva, una inolvidable obra épica que tiene el aroma y el sabor de una gran obra maestra, donde todos y cada uno de sus planos son muestra de ello.

EDUARDO M. MUÑOZ

jueves, 10 de septiembre de 2015

Crítica de 'UNA SEMANA EN CÓRCEGA' (2015) de Jean-François Richet





‘Una semana en Córcega’ cuenta la historia de dos amigos de toda la vida, Antoine (François Cluzet) y Laurent (Vincent Cassel), que pasan sus vacaciones en Córcega junto a sus respectivas hijas, Louna (Lola Le Lann) y Marie (Alice Isaaz). Las chicas aprovecharán para salir de fiesta y disfrutar de la juventud en un marco idílico donde carecer de cobertura para el móvil parece la peor de las calamidades. Pero todo se enredará a partir de que la atractiva Louna seduzca a Laurent, el padre de su mejor amiga. 

La cinta está dirigida por Jean-François Richet, quien también ha dirigido ‘Asalto al distrito 13’ (2005) o las dos entregas de ‘Mesrine’ (2008), donde ya trabajó con Vincent Cassel. Esta semana de vacaciones que nos propone el cineasta francés se torna agradable y sin pretensiones al espectador, un ejercicio sabático y lúdico donde entretener es la misión principal. Y se consigue. El film funciona dentro de la comedia de situación en una manera bastante clásica de estructurar el relato, donde las situaciones divertidas y el buen trabajo de los actores (chapeau por las dos jóvenes protagonistas, por cierto) parecen conseguir la fórmula adecuada. ‘Una semana en Córcega’ en realidad es un remake del título homónimo del año 1977 por lo que su premisa quizá no sea demasiado novedosa, pero ello no impide que estemos ante un trabajo correcto que merece la pena ser visto.



Pero que el espectador tampoco espere una película redonda porque podría desilusionarse. Por poner un ejemplo, la atracción de Louna hacia Laurent se produce como por arte de magia, de la noche a la mañana, de un plano a otro, sin progresividad narrativa alguna. Del mismo modo, el final parece demasiado forzado y edulcorado. Tal vez estas pequeñas lagunas no resten fuerza al relato, si bien muestran un guión que funciona en su conjunto pero que sin embargo dista mucho de ser brillante. No obstante contiene unos personajes lo suficientemente interesantes y atractivos como para que el espectador permanezca atento al desenlace y a cada una de las situaciones de enredo que rodean al film, incluidas las producidas por el choque generacional entre las las hijas y los padres cuarentones, y algún que otro acierto aislado, como usar la caza del jabalí de forma metafórica. 'Una semana en Córcega' tal vez no ofrezca nada del otro mundo, pero por lo menos saca a relucir un trabajo lo suficientemente logrado para que el interés no decaiga.

EDUARDO M. MUÑOZ

miércoles, 26 de agosto de 2015

Crítica de 'MÁS ALLÁ DE LA NOCHE' (2014) de Rafael Hernández de Dios



'Más allá de la noche' es la ópera prima de Rafael Hernández de Dios, un joven cineasta que demuestra un talento lo suficientemente asentado como para manejar con soltura una trama expuesta únicamente en una localización, un piso del barrio madrileño de Malasaña. Diversos objetos, el cartel de 'M, el vampiro de Düsseldorf' (1931, Fritz Lang) y algunos dibujos que hacen referencia al mito de la caverna de Platón, decoran las cuatro paredes donde unos jóvenes reflexionan sobre la vida y la crisis económica en una noche de botellón un tanto extraña y asfixiante.

Decía Hitchcock que cualquier entorno puede ser susceptible de ser utilizado para generar suspense, incluso una cabina de teléfono. Rafael Hernández de Dios toma la premisa al pie de la letra y se mueve como pez en el agua dentro del piso malasañero, donde mueve la cámara con acierto para reflejar las angustias, ilusiones y fracasos de estos amigos, interpretados por los flamantes actores Naim Thomas, Paula López-Bravo, Javier Revert, Enrique Sebastián, Natalia Cooper y Alberto Zafra. Diálogos que no aburren y situaciones personales donde es difícil no sentirse reflejado de alguna manera, con el clímax de la crisis económica de fondo, constituyen las piezas de esta historia que bebe mucho del cine de la nouvelle vague (con baile a lo 'Band Apart' incluido) y del primer Jim Jarmusch, entre otras referencias cinéfilas y literarias.


Ya hemos hablado de los flamantes actores, pero resulta difícil no hacer hincapié en el trabajo formidable que realizan, sin el cual pese a lo interesante de la propuesta el edificio se hubiera venido abajo sin remedio. Gracias a ellos el film rebosa cercanía, frescura y naturalidad, dando voz y forma a un guión ya interesante de por sí, pero que queda engrandecido ante sus interpretaciones. Un elemento importante dentro de la trama son las metáforas y elementos externos que se introducen en la fiesta pese a no haber sido invitados, como el ordenador con virus, el teléfono “apagado o fuera de cobertura” o el helicóptero de la policía, que nos recuerdan el hecho de que no somos más que títeres dentro de una función de la que no sabemos quiénes son los últimos responsables. 

La frustración de la juventud ante un panorama no muy esperanzador quizá sea el tema dominante de la película, pero no el único. También salen a relucir las drogas, los sueños perdidos, la crisis de los treinta, el desamor o la emigración. No hace falta emplazar la historia en localizaciones externas para reflejar dichos elementos, ya que de la propia habitación donde los jóvenes beben, fuman y esnifan cocaína (esto último sobre un ejemplar de ‘La gaya ciencia’ de Nietzsche, ¿otra metáfora?), se trasciende lo cotidiano de la situación. 


'Más allá de la noche' sorprende gratamente y rebosa talento. Por ello ha visitado ya algunos festivales, entre los que destacan el Overlook-5th CinemAvvenire Film Festival en Roma y el Rizoma 2015 en Madrid, todo un logro para un film de 4.000 euros de presupuesto al margen de toda subvención pública que esperemos que logre el apoyo necesario para continuar con su distribución, ya que es un soplo de aire fresco dentro de una industria que peca cada vez más de películas comerciales pensadas para el consumo fácil.



EDUARDO M. MUÑOZ

miércoles, 19 de agosto de 2015

Crítica de 'AMAR, BEBER Y CANTAR' (2014) de Alain Resnais





‘Amar, beber y cantar’ es un título ya lo suficientemente llamativo como para acercarse al producto que esconde, un título optimista que recuerda al de una zarzuela. Si encima resulta ser el último trabajo del mítico cineasta Alain Resnais, ya poseemos razones de sobra (al menos dos) para acercarnos a esta película. ‘Amar, beber y cantar’ se convirtió por sorpresa en el testamento cinematográfico de Resnais al fallecer en 2014, poco tiempo después de que el film se alzara con los premios FIPRESCI y Alfred Bauer del Festival de Berlín.

Alain Resnais, quien otrora regalara a varias generaciones de cinéfilos obras de la talla de ‘Hiroshima, mon amour’ (1959) o ‘El año pasado en Marienbad’ (1961), decide adaptar en esta ocasión una obra de Alan Ayckbourn que paradójicamente habla de la cercanía de la muerte y donde en varias ocasiones el film parece anticipar la propia muerte del cineasta, como por ejemplo en la escena final donde los protagonistas asisten al entierro del personaje que es el eje central de la trama.




El film gira en torno a dos parejas cuyas vidas se ven trastocadas ante la inminencia de la muerte de un amigo cercano, al cual le diagnostican seis meses de vida. Como están ensayando una obra de teatro amateur en la que intervendrán, deciden incluir al amigo, de nombre George Riley, en el reparto. La inminente muerte de George también influirá de forma significativa en la vida de la última pareja de éste, Mónica, la cual reside en el campo con su nueva pareja.


Ante tal premisa, Alain Resnais habla de temas como la fugacidad de la vida y el carpe díem en un marco muy peculiar que gira en torno a un personaje al cual no vemos en ningún momento, pese a que toda la trama gira en torno a él. Resnais utiliza el teatro como metáfora y como forma estética del film, el cual goza de un deliberado y marcado estilo teatral. Todos los personajes esconden cosas y en el fondo el cineasta francés parece decirnos que la vida es un gran teatro donde todos interpretamos de una forma u otra. Resnais utiliza los recursos de que dispone para acercarnos a una obra amable desde el lado del humor y la ironía, por supuesto ahondando también en el amor, recurso al que se adhiere a menudo con diversas situaciones que subrayan el tono cómico de la cinta.




‘Amar, beber y cantar’ no está a la altura de otras obras maestras de la filmografía del genial autor francés pero sí tiene la suficiente fuerza como para sobreviva al paso del tiempo más allá del interés cinéfilo de que se trate de su última obra. Los seis actores del film resultan del todo creíbles (aconsejamos su visionado en versión original) y consiguen llevar todo el peso de la acción de forma formidable, acompañados de unos decorados teatrales bellamente iluminados por la fotografía de Dominique Bouilleret. Reconocemos que al principio nos costó entrar en este universo 'mitad cine-mitad teatro' y de algo así como "teatro dentro del teatro", pero al cabo de un rato el hechizo desde el más allá que formula Resnais surte efecto dejando pegado a la butaca hasta el final al espectador. Merece la pena acercarse a su última bocanada de cine.

EDUARDO M. MUÑOZ

viernes, 17 de julio de 2015

Crítica de 'TERMINATOR GÉNESIS' (2015) de Alan Taylor



‘Terminator Génesis’ retoma la saga iniciada por James Cameron en 1984 en una quinta entrega cuando menos, interesante y curiosa. El nuevo film dirigido por Alan Taylor pretende satisfacer a toda la generación de fans que no quedaron satisfechos con ‘Terminator 3: La rebelión de las máquinas’ (Jonathan Mostow, 2003) y ‘Terminator Salvation’ (McG, 2009) y para ello retoma las situaciones ya vividas en los orígenes de la saga recreando al detalle secuencias originarias del film de 1984, donde un jovencísimo Arnold Schwarzenegger interpretaba al primer Terminator. A la vez también la película hace un guiño a ‘Terminator 2: El juicio final’ (James Cameron, 1991) con la aparición del mítico T-1000 dentro del mismo escenario. Las primeras escenas de ‘Terminator’ (James Cameron, 1984) son vistas desde otro punto de vista alternativo en un interesante ejercicio de recreación de las escenas originales que recuerda al realizado por Robert Zemeckis en ‘Regreso al futuro II’ (1989) (qué grandes fueron los años 80). Constituyendo, dicho sea de paso, lo mejor de la película.

Alan Taylor realiza un ejercicio nostálgico que rodea a toda la película y homenajea con acierto una saga mítica de la ciencia ficción que ha marcado la infancia y adolescencia de toda una generación. No obstante, el film pasa del homenaje a la autoparodia de forma inconsciente (o no), incidiendo demasiado en un humor basado en el personaje de Arnold Schwarzenegger. Los guionistas explotan con acierto el hecho de que el actor tal vez esté mayor para interpretar de nuevo a la máquina exterminadora y al respecto hacen chistes ingeniosos, si bien se acaba abusando de ello. 


Los actores no dan la talla a excepción de Schwarzenegger y el verdadero villano de la película es toda una sorpresa, pese a que el actor (el cual no desvelo para evitar spoilers de mal gusto) tampoco actúe a las mil maravillas. ‘Terminator Génesis’ termina siendo un simpático disparate que se ve con agrado pese a ser un trabajo fallido, en una trama para colmo enrevesada quizá en exceso. Eso sí, hay que agradecer el hecho de que hayan arriesgado insertando en el guión el recurso de las líneas temporales alternativas. En definitiva, es una película que tiene un buen comienzo y un mejorable final, y entre guiños cinéfilos a la saga, la parodia, las escenas de acción (bastante conseguidas) y los chistes y las paradojas temporales se consigue una compleja y curiosa mezcla no exenta de cierto encanto. Aunque claramente es una película demasiado imperfecta, no obstante quizá estemos ante el mejor Terminator desde ‘Terminator 2’.


EDUARDO M. MUÑOZ

viernes, 10 de julio de 2015

Crítica de 'RETRATOS DE FAMILIA' (2013) de Anthony Chen





Película basada en las vivencias personales de su director, Anthony Chen, que en esta su ópera prima nos cuenta la historia de una familia, los Lim, afectada por la devastadora  crisis de la economía asiática en los años 90, más en concreto en el año 1997.

Los Lim son una familia de clase media-alta, de tres miembros, que va a recibir la llegada de una sirvienta filipina (Teresa) para ayudar a cuidar al pequeño de la casa, el problemático Jialer, niño tremendamente conflictivo y difícil. Poco a poco la situación familiar se va a complicar cuando el padre de familia pierde su empleo, a la par que se establece una estrecha y peculiar relación entre el niño y su cuidadora extranjera.

Película de "sentimientos", rodada con gran realismo, aunque combinado con una fotografía que podíamos definir como fantasmagórica por momentos, por su aire onírico e irreal en algunas situaciones. Se nos narra la vida cotidiana familiar de manera casi documental, a la vez que se busca que nos identifiquemos plenamente con los personajes, entrañables y sencillos. El acercamiento a ellos hace que los  observemos fija y detalladamente, sin perder detalle de sus reacciones, pensamientos, acciones, ante los obstáculos que se van encontrando.


Es una película de problemas familiares, de crisis económica y social, donde se analiza con un guión sólido los problemas que llevan a una familia al sufrimiento y al riesgo de la división y el enfrentamiento. La esperanza nunca se pierde frente a las dificultades, y siempre hay un horizonte nuevo  o un camino que explorar, esa sensación se nos busca transmitir desde el primer minuto hasta el último del largometraje.

Mezcla de lo que podría ser un film de cine independiente europeo y de cine asiático costumbrista, fue muy bien acogida en el Festival de Cannes, donde recibió una gran ovación y el premio a la mejor fotografía y a la mejor opera prima, además de una veintena de premios en otros festivales.


Buenas interpretaciones, gran montaje y gran fotografía son los aspectos más destacados del film, en mi opinión junto a la gran destreza del joven director, que ha hecho de este film un referente del más reciente cine asiático.

Yo la recomendaría para todo aquel que se deje conmover por el cine humano, de sentimientos, de historias sencillas, aunque quizás para mi gusto no es una obra que impacte y deje marcado, hay películas de este estilo que me han llegado mucho más profundamente. Y obviamente no la recomiendo para aquel que busca cine comercial, de fácil consumo e historias inverosímiles pero atractivas por su espectacularidad. Esta película es todo lo contrario.

"¿Crees que suicidarse es  divertido?"   (Teresa)


ANTONIO JAVIER REGIDOR PUERTO

lunes, 29 de junio de 2015

Crítica de 'APRENDIENDO A CONDUCIR' (2014) de Isabel Coixet


Una de las mayores virtudes de ‘Aprendiendo a conducir’ es su falta de pretenciosidad. Lo que cuenta la película no es nada del otro mundo, pero el buen hacer de la cineasta catalana Isabel Coixet convierte este producto de encargo en algo mucho más interesante de lo que 'a priori' pueda parecer. Coixet repite con Ben Kingsley y Patricia Clarkson tras ‘Elegy’ (2008), consiguiendo de nuevo un espléndido trabajo de ambos y una química como pareja protagonista que resulta una de las bazas a favor del film. Patricia Clarkson interpreta a Wendy, una crítica literaria que vive en Manhattan y que decide sacarse el carnet de conducir tras el hundimiento de su matrimonio. Por otro lado, Ben Kingsley es un refugiado hindú que trabaja como taxista e instructor de una autoescuela que se encargará de impartir las clases que Wendy demanda.

A través del evidente choque cultural se puede llegar a pensar que Coixet no tiene otra cosa en mente que presentarnos una comedia romántica al uso a través de una estructura más o menos clásica sobre una divorciada que encuentra de nuevo el amor en una persona que pese a las apariencias no es muy diferente a ella. Sin embargo es de agradecer que el guión de Sarah Kernochan no circule por dichos derroteros. ‘Aprendiendo a conducir’ es más bien una historia sobre segundas oportunidades, sobre el aprendizaje continuo que la vida nos ofrece y sobre la confianza en las personas. No siendo acérrimo de la Coixet, este trabajo me convence por su sinceridad y por el buen hacer que desprende cada fotograma.



'Aprendiendo a conducir' también bucea por el drama de la inmigración ilegal, añadiendo riqueza a un guión que no recae en lo convencional y que dota a sus personajes de gran credibilidad y profundidad. Parafraseando a la propia directora, esta película es la única de su filmografía donde el espectador no querrá cortarse las venas tras su visionado, lo que agradecerán los detractores de sus "melodramones". Sencilla pero efectiva a la vez. Recomendable, muy recomendable.

EDUARDO M. MUÑOZ