jueves, 15 de septiembre de 2011

TAMAÑO NATURAL (GRANDEUR NATURE, 1973) de Luis García Berlanga



En Tamaño natural no se encuentra al reconocido Berlanga satírico de diálogo fácil, de reparto coral y de situaciones enmarcadas en brillantes planos secuencia. Ni siquiera al típico paisaje de esa España tan berlanguiana, tan profunda, donde encuadraba sus historias y que sólo él supo reflejar. Hallamos, sin embargo, a un Berlanga íntimo, personal, amargo, creador de libertad absoluta y diferente, pero en esta ocasión no en los parajes españoles sino en los de París.
Corría el año 1973. El franquismo estaba agonizante pero no hubiera tolerado un film como éste. Berlanga actuó en consecuencia y se autoexilió en Francia, donde fue bien acogido y pudo rodar la película que quería hacer en plena libertad creativa y artística. No era la primera vez que nuestros vecinos galos nos acogían. Luis Buñuel rodó en Francia varias de sus obras tardías, obteniendo incluso el Óscar para ese país con El discreto encanto de la burguesía (1972) ese mismo año.
Tamaño natural analiza las relaciones humanas de una forma directa, sin tapujos, siendo un brillante film sobre la condición humana. Las alegorías de la incomunicación en pareja, con la consiguiente entrada en el reino de la soledad, son magníficamente expuestas en la relación que Michel (Michel Piccoli) mantiene con su muñeca de goma, tan real o más que muchas mujeres. A sus 45 años, este dentista debería estar satisfecho con la vida que lleva: tiene un excelente trabajo, en el que es respetado, y una hermosa mujer. Sin embargo, el hastío por una rutinaria existencia en la que las diferencias con su mujer llegan a ser totales, le conduce a adquirir su muñeca, la que, como él mismo expresa, nunca se queja por nada (en la secuencia de la playa dice admirarla por no importarle hacer el amor aunque se manche de arena) y con la que podrá tener el idilio perfecto.


El film se centra en las relaciones maritales, si bien no son las únicas donde Michel es un incomprendido. La muñeca es su refugio para con el mundo en general, su escondite para huir de las personas, con la excepción de su madre, que incluso acaba aceptando a su “amante”. Muchos son los momentos donde se refuerza este hecho, en los que observamos a un hombre harto de los pacientes a los que tiene que tratar cada día en su consulta y al que no le gustan las fiestas ni las reuniones, como da a entender hacia el final, cuando expulsa de su casa a un grupo de españoles (entre los que se encuentran los habituales de Berlanga, Agustín González, María Luisa Ponte, Luis Ciges y Manuel Alexandre) a los que no puede soportar. La soledad es su única salida, y una relación donde él lleva la voz cantante.
El magistral tándem Berlanga-Azcona realizan un guión magistral, a veces divertido pero menos que en otras ocasiones, donde el tono y el sabor de la amargura predominan, sobre todo en sus brillantes momentos finales. Está lleno de grandes detalles que nos hacen comprender el universo que exponen, donde parecen presagiar el modelo predominante en las relaciones humanas de la sociedad posmoderna. Recordemos al respecto la secuencia de la pequeña que trata a su muñeca como a una niña de verdad, acompañándola al wáter para que haga sus necesidades; o al personaje de Manuel Alexandre (breve pero fundamental), que también desea sexualmente a la muñeca de Michel.



Tamaño natural no es una película fácil de llevar, no está al alcance de cualquiera, de hecho en otras manos el tedio hubiera aparecido raudo y veloz. Pero Berlanga demuestra una vez más su maestría en un trabajo donde predominan las secuencias protagonizadas únicamente por el actor Michel Piccoli y la muñeca. Realiza un ejercicio cinematográfico impecable en los momentos íntimos de ambos, en los que jamás, por cierto, se roza el aburrimiento. Más bien uno se queda embelesado ante el universo decadente y pesimista de la incomunicación humana en el que Berlanga nos sumerge.

A la citada maestría de su director hay que resaltar un elemento imprescindible sin el cual la película no hubiera sido la misma: Michel Piccoli. Dicho actor realiza un trabajo de órdago. El peso de la película recae exclusivamente sobre él, sobre sus pensamientos en voz alta y sus "conversaciones" y actos sexuales con la muñeca, y no cualquier actor hubiera estado a la altura en un rol tan complicado. El film no roza el ridículo en ningún momento.

Tamaño natural es la mayor rareza de Berlanga, lo cual ya es un lujo ante el cual es muy difícil resistirse. No sería justo terminar si mencionar siquiera la magnífica partitura creada por el músico Maurice Jarre, así como la espléndida fotografía de Alain Derobe. No se necesitan más motivos, creo yo, para acercarse a esta personalísima obra de un grande entre los grandes. Bravo, Don Luis.

EDUARDO M. MUÑOZ 

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