miércoles, 7 de octubre de 2015

Crítica de 'EL NUEVO NUEVO TESTAMENTO' (2015) de Jaco Van Dormael




‘El nuevo nuevo testamento’ parte de una idea, cuanto menos, estrafalaria y absurda, dentro de un género que podría ser catalogado como cine inclasificable. La premisa es la siguiente: Dios existe y reside en Bruselas, ciudad que creó porque se aburría; está casado, tiene una hija (que debido a la fama de su hermano Jesucristo ha existido en el anonimato); fuma, se pasa el día en bata (al estilo de el gran Lebowsky) y se ha dedicado a fastidiar al género humano desde el  principio de los tiempos sometiéndolo a sus arbitrarios caprichos, como por ejemplo a las puñeteras leyes de Murphy.

‘El nuevo nuevo testamento’ es una auténtica locura y derrocha una imaginación fuera de lo común. La fórmula del film funciona como comedia disparatada y surrealista sobre todo en su brillante arranque, donde a modo de prólogo el espectador asiste a una narración del génesis totalmente atípica y distinta a lo que nos habían contado hasta ahora. Evidentemente puede que al católico más puritano y fiel provoque alguna que otra ampolla y hasta puede llegar a pensar que al film le sobra alguna que otra dosis de blasfemia. Pero sinceramente, no creo que el cineasta Jaco Van Dormael quiera ir tan lejos ni pretenda ofender a nadie. Más bien procura (y consigue sobradamente) dar una vuelta de tuerca a ciertos mitos religiosos, valerse de ellos para hacer en consecuencia una comedia disparatada y gamberra. Nada más. Y nada menos.



Es en la idea general y en la puesta en escena donde salen a relucir las mayores virtudes del film, cuya narrativa y presentación de personajes recuerdan al cine de Jean-Pierre Jeunet, del mismo modo ágil y efectivo, sin dejar de entretener al espectador en ningún momento. Pero también es cierto que después del brillante arranque a la película le resulta difícil mantener la genialidad de su premisa y va perdiendo fuelle desde el momento en que la hija de Dios se escapa de casa y empieza a buscar a sus propios apóstoles para vengarse de su padre. Por momentos se llega a tornar algo repetitiva en su parte episódica y parece ir a la deriva sin una dirección clara. Lo que no influye en modo alguno para asegurar que el espectador se encontrará una apuesta arriesgada e interesante, con espléndidas interpretaciones y alguna que otra sorpresa (no siempre tiene uno la oportunidad de ver a la mítica Catherine Deneuve montándoselo con un gorila). Un relato, en resumidas cuentas, sobre el sentido de la vida que carece de sentido en sí mismo. Como la vida misma.

EDUARDO M. MUÑOZ