lunes, 29 de junio de 2015

Crítica de 'APRENDIENDO A CONDUCIR' (2014) de Isabel Coixet


Una de las mayores virtudes de Aprendiendo a conducir’ es su falta de pretenciosidad. Lo que cuenta la película no es nada del otro mundo, pero el buen hacer de la cineasta catalana Isabel Coixet convierte este producto de encargo en algo mucho más interesante de lo que 'a priori' pueda parecer. Coixet repite con Ben Kingsley y Patricia Clarkson tras ‘Elegy’ (2008), consiguiendo de nuevo un espléndido trabajo de ambos y una química como pareja protagonista que resulta una de las bazas a favor del film. Patricia Clarkson interpreta a Wendy, una crítica literaria que vive en Manhattan y que decide sacarse el carnet de conducir tras el hundimiento de su matrimonio. Por otro lado, Ben Kingsley es un refugiado hindú que trabaja como taxista e instructor de una autoescuela que se encargará de impartir las clases que Wendy demanda.

A través del evidente choque cultural se puede llegar a pensar que Coixet no tiene otra cosa en mente que presentarnos una comedia romántica al uso a través de una estructura más o menos clásica sobre una divorciada que encuentra de nuevo el amor en una persona que pese a las apariencias no es muy diferente a ella. Sin embargo es de agradecer que el guión de Sarah Kernochan no circule por dichos derroteros. ‘Aprendiendo a conducir’ es más bien una historia sobre segundas oportunidades, sobre el aprendizaje continuo que la vida nos ofrece y sobre la confianza en las personas. No siendo acérrimo de la Coixet, este trabajo me convence por su sinceridad y por el buen hacer que desprende cada fotograma.



'Aprendiendo a conducir' también bucea por el drama de la inmigración ilegal, añadiendo riqueza a un guión que no recae en lo convencional y que dota a sus personajes de gran credibilidad y profundidad. Parafraseando a la propia directora, esta película es la única de su filmografía donde el espectador no querrá cortarse las venas tras su visionado, lo que agradecerán los detractores de sus "melodramones". Sencilla pero efectiva a la vez. Recomendable, muy recomendable.

EDUARDO M. MUÑOZ

martes, 23 de junio de 2015

Crítica de 'WHITE DOG' (2014) de Kornél Mundruczó


Una joven atraviesa en bicicleta un puente sobre el Danubio, en un Budapest semidesértico. De repente, una gran manada de perros la alcanza y la sobrepasa, fundiéndose por unos momentos en un mismo camino ambas razas, humana y canina, en una escena de gran belleza plástica, rodada a cámara lenta. Esta escena es una declaración de intenciones de lo que va a ser el film, nos pone en aviso de lo que va a acontecer.

White God’ llega a nuestras pantallas avalada por sus premios y la repercusión que ha obtenido por lo llamativo de su trama. Este film húngaro de Kornél Mundruczó ha recibido el Premio Eurimages en el Festival de Sevilla, y fue la ganadora de la sección "Un Certain Regard" en la última edición del Festival de Cannes. Mezcla de cine de autor y cine fantástico, estamos ante un cuento macabro que nos va a hacer pensar y reflexionar profundamente.

Se nos presenta un drama familiar. Lili (una muy correcta Zsofía Psotta), es una introvertida e incomprendida adolescente, que solo se siente querida por su fiel Hagen, su perro mestizo. Una nueva ley de la ciudad obliga a pagar una gran tasa a las familias que poseen un perro que no sea de raza pura, con lo que la ciudad se llena de perros abandonados. El padre de Lili, que debe cuidarla durante tres meses, odia a los perros y considera objetos sin sentimientos a los animales, trabaja en un matadero donde a diario ve despiezar a vacas, de manera mecánica y fría. Tras varios enfrentamientos padre-hija, Hagen es abandonado y comienza su durísima travesía por una ciudad deshumanizada y despiadada, donde sufrirá todo tipo de violencia y malos tratos animales que podamos imaginar y no desvelamos al espectador.

Entonces comienza un canto a la lucha entre la candidez e inocencia que representan Hagen y Lili frente a un mundo duro, violento, sin ningún tipo de sentimientos; y la historia paralela de ambos personajes, los cuales quieren huir de lo que les rodea y quieren volver a unirse de nuevo, pero les espera un crudo destino. Ambos pierden la inocencia ante todo lo que tienen que ir viviendo, los reveses de la vida les hacen cambiar. La frialdad, el miedo al otro, a lo distinto, hace que Hagen sufra todo tipo de daños, vejaciones y humillaciones por parte de seres a los que cuesta definir como "humanos". Se muestra a los perros como seres puros, inocentes, sin el rencor del ser humano.


La película contiene un claro mensaje contra la discriminación y el racismo, el mestizo es abandonado y humillado, mientras que los perros "puros" caminan con sus dueños por la ciudad sin problema. "Ambos somos perros hambrientos" dice un personaje con el que se cruza Hagen en su triste recorrido, los pobres también viven marginados y la gente se aprovecha de ellos.

Hagen está interpretado por dos perros hermanos de Arizona, y realizan una grandisima interpretación. El gran mérito del film es cómo se manejan 200 perros en escena, siendo solo actores "profesionales" los perros que hacen de Hagen, los demás son perros abandonados en una protectora, y que, por cierto, gracias al film ya están todos adoptados. El título "White God" es un juego de palabras con "White Dog" (perro blanco),  que nos hace reflexionar: ¿Dios es blanco?, ¿los blancos son superiores?, ¿el verdadero Dios es esa inocencia que la deshumanización nos hace perder? También en este exterminio canino podemos ver una clara metáfora del holocausto, las perreras son como las cámaras de gas donde se aplica "la solución final", sin ningún tipo de remordimiento.

En mi opinión la primera parte del film es mas brillante. Se resuelven mejor los momentos intimistas y de reflexión y las peripecias de Hagen por sobrevivir que los momentos de la segunda parte, que nos llevan a un terreno más cerca del cine fantástico y de terror. En esta segunda mitad hay algunos fallos y lagunas de guión, y aspectos peor resueltos, como un final, de grandísima belleza estética pero que deja con sabor agridulce. Además en esta segunda parte hay alguna escena que se podía haber evitado y busca el sensacionalismo o la lágrima fácil más que ayudar en la fábula que se nos está narrando. Budapest adquiere un aspecto ya no solo frío como en la primera mitad del film, sino que pasa a ser una ciudad devastada, prácticamente una ciudad en guerra, cuando las "bestias" se vuelven "humanas".

Al  terminar el film nos preguntamos ¿quién es la bestia y quién son los "humanos"? Los perros cuando tienen comportamiento animal tienen sentimientos, son fieles e inocentes, cuando empiezan a actuar como humanos, se vuelven bestias rencorosas y violentas. Como hemos dicho es un film de buenas interpretaciones, un magnífico trabajo de entrenamiento de animales para unas grandes actuaciones caninas, y una buena música de Asher Goldschmidt que acompaña muy correctamente en todo momento.

Esta película la recomiendo para quien busque cine "de pensar", cine duro, de gran realismo y fantasía a partes iguales dentro del mismo film, cine de reflexión y que hace que nos planteemos preguntas. No es ‘El Origen del Planeta de los Simios’, ‘Los Pájaros’ ni ‘Espartaco’, aunque tiene momentos de guiños e inspiración en dichos largometrajes. Es un producto con personalidad propia y ésto quizás sea la mejor baza a su favor, es una especie de híbrido entre el cine fantástico, el cine de autor, el cine de terror y la fábula social. Es una película que impacta, impresiona, es imposible que deje indiferente. Eso sí, si se busca cine de acción o aventuras sin más, ‘White God’ es otra cosa.

"Quizás todo lo terrible es, en su ser más profundo, algo que necesita nuestro amor” –Rainer Maria Rilke

ANTONIO JAVIER REGIDOR PUERTO

martes, 9 de junio de 2015

Crítica de 'Güeros' (2014) de Alonso Ruizpalacios







Güero, ra
1. adj. Méx. Dicho de una persona: Que tiene los cabellos rubios. Que tiene la piel blanca. U. t. c. s.

Así, con esta aclaración del significado del título, comienza este film mexicano premiado en Berlín como mejor opera prima y en San Sebastián como mejor película latinoamericana. También ha sido reconocido en su país de origen con cinco premios Ariel, incluido el de la mejor película.

¿Qué nos encontramos al visionar este debut en pantalla grande del ex director teatral Alonso Ruizpalacios? Pues nos encontramos ante una película de una factura exquisita, cuidada al detalle, innovadora, de planos imposibles y experimentales en  sus momentos más brillantes. Es una película que juega con los silencios, con los sonidos que invaden dichos silencios y con el contraste entre momentos de reflexión y momentos de acción.


Partimos de una trama argumental muy sencilla: Santos y Sombra viven en un apartamento desganados y desencantados con todo. El apartamento se encuentra en lamentables condiciones, incluso sin luz. Un día reciben la visita de Tomás, el hermano de Sombra, al que su madre ya no soporta más. Con su llegada los tres van a iniciar un viaje en busca de un viejo rockero mexicano olvidado, Epigmenio Cruz, al que nadie recuerda, pero es muy importante para ellos porque era escuchado por el padre de Sombra y Tomás.

El argumento es sencillo, pero la búsqueda que inician los personajes como hemos dicho es compleja y llena de diálogos y momentos que provocan la reflexión sobre el ser humano y la existencia misma. Es una película mucho más visual que de diálogo, pero las interpretaciones son muy cuidadas y dan un toque frío pero cercano a la vez a los personajes, tal como busca el director. No es una película de fácil consumo, es una largometraje que invita a a la reflexión y al disfrute del derroche visual e imaginativo que nos regala Alonso Ruizpalacios.

También tenemos que decir que puede resultar aburrida en algunos momentos, el ritmo es intencionadamente lento en el desarrollo de la acción y el peculiar sentido del humor que se despliega puede no resultar atractivo para todos los públicos. Aquel que busque una película con un desarrollo fácil y convencional puede resultar decepcionado y aburrirse, en cambio es recomendable para el que busque un producto creativo e innovador, no una cinta de consumo rápido.


Rodada en un impecable blanco y negro, cuenta con una sencilla pero muy solvente fotografía, uno de los puntos fuertes del film, junto a ese contraste de sonidos y silencios del que hablábamos tan peculiar, y que junto a los juegos de cámara y la experimentación en cuanto a tipos de planos sorprenderá al espectador. La crítica social también está presente, ya que la acción se desarrolla durante una ficticia huelga de estudiantes, reflejo de las huelgas y movimientos sociales tan habituales en México y Latinoamérica en general. Se nos presenta el contraste entre la lucha política y la devastadora desgana del joven que está desencantado con todo en el mundo en el que vive. Nuestros protagonistas se muestran apáticos ante esta huelga ("Estoy de huelga de la huelga", afirma Sombra), pero durante la película veremos cómo va modificándose este sentimiento, paralelamente al avance de su búsqueda de Epigmenio, el rockero desconocido y moribundo.

No desvelaremos como se desarrolla la búsqueda del rockero olvidado, dejamos al espectador que vea el film y saque sus conclusiones, unos se aburrirán, otros la disfrutarán ampliamente, es cuestión de gustos.

"Epigmenio Cruz está chingón. Una vez hizo llorar a Bob Dylan"...

ANTONIO JAVIER REGIDOR PUERTO

miércoles, 27 de mayo de 2015

Crítica de 'NUESTRO ÚLTIMO VERANO EN ESCOCIA' (2014) de Andy Hamilton y Guy Jenkin


El arranque y el cierre debería ser algo a tener muy en cuenta en la construcción del guión. Un comienzo sin garra te puede arruinar una película, simplemente porque el espectador deja de prestar atención, se aburre y se va; aunque esté sujeto a una butaca de cine, algo escaso, hemos perdido lo más valioso: su atención.

El final no debería satisfacer las expectativas de un imaginario gran público, un final es consecuente con todo lo argumentado a golpe de secuencia. Resolver las tramas abiertas de forma acomodada, resta validez a todo lo acontecido. La secuencia final de ‘Nuestro último verano en Escocia’ es un desatino dentro del guión aceptable, con chispas ingeniosas, de esta comedia sin mayores pretensiones que las que se hayan fijado sus dos directores. A saber.

Andy Hamilton y Guy Jenkin son los creadores de la serie de la BBCOutnumbered (2007)’, sobre un matrimonio con tres niños. ‘Nuestro último verano en Escocia’  comparte la misma idea inicial. En el caso de la película el matrimonio se está divorciando, y las premisas sobre el desordenado mundo de los adultos y las precoces conciencias de tres niños estereotipados, niña repelente sabelotodo,  niña imaginativa, sin duda la mejor de la película, y niño obsesionado con la cultura vikinga, que ponen en entredicho una falsa estabilidad familiar. Aprovechando el tirón televisivo deciden colocar a sus personajes en Escocia, con sus estéticos planos aéreos de la bella región,  en toda película que se precie hay que demostrar que se tiene cierto empaque en la producción, de visita para el cumpleaños del abuelo, un, interpretativamente, indiferente Billy Connolly, su otro hijo, don quiero y no puedo, con su depresiva esposa y su hijo con déficit de atención. El desarrollo de los personajes está repleto de arquetipos una y mil veces vistos y exprimidos.




Sin embargo en el desarrollo de la trama principal es donde encontramos el mayor logro de la película. La idea es original e hilarante, las motivaciones de los personajes son creíbles y los tres jóvenes actores  ponen en relieve su gran trabajo, haciendo sombra en muchas ocasiones al reparto con más experiencia. El problema surge cuando, al menos esa es la impresión más poderosa que desprende el film, sus directores y guionistas pretenden dar soluciones fáciles y autocomplacientes. Introducen personajes, la trabajadora social por ejemplo, que más que aportar al desarrollo de la acción, la ridiculiza impregnándolo todo de un halo sainetesco. Comienzan los despropósitos en el guion con un  colofón sonrojante más cercano a un telefilm de muy bajo presupuesto. Ya sabemos que los finales felices no convencen, éste en concreto es un despilfarro de imaginación.

Realización y fotografía  cercanas a los cánones televisivos,  con un reparto simpático, correcto, poco creativo salvo el caso de la niña amante de la geología  que es la única que entiende el sentido primigenio de ‘Nuestro último verano en Escocia’.

Película de consumo rápido y masivo, que con los precios que se gastan las salas, es más adecuado y ajustado  su visionado en el medio televisivo. En suma, comedia de marcada orientación familiar poco apta para fanáticos de Herodes.

JUAN AVELLÁN

miércoles, 20 de mayo de 2015

Crítica de 'WALESA, LA ESPERANZA DE UN PUEBLO' (2013) de Andrzej Wajda




Andrzej Wajda, maestro del cine polaco y autor de obras tan importantes como ‘Danton’ (1983) o ‘Katyn’ (2007), toma con pulso firme y dirige con acierto este biopic sobre la figura de Lech Walesa, fundador del sindicato Solidaridad en Polonia. La película refleja los acontecimientos que en 1970 condujeron a dicho país a una revolución y que hicieron de Walesa un líder sindical y político, en un difícil camino personal desde su inicial condición de simple trabajador, llegando a ganar el Premio Nobel de la Paz.

Wajda se mueve como pez en el agua en un género tan difícil como el biopic construyendo un film lleno de ritmo y fuerza. La película aborda nada más y nada menos que 25 años en la vida de Lech Walesa, pero al mismo tiempo no pasa de puntillas por ningún acontecimiento, defecto fácilmente detectable en películas de este tipo centradas en figuras históricas. Por eso mismo las escenas no son una mera sucesión de episodios sin relación entre sí, sino que poseen la suficiente homogeneidad para tejer un relato consistente por obra y gracia de un excelente guión. Ayuda al respecto que el guión esté realizado en torno a una entrevista que le hace a Walesa una periodista italiana, por lo que todas las secuencias están planificadas a modo de flashback.

Wajda mezcla con maestría imágenes en blanco y negro con imágenes en color, sobre todo en las escenas con multitudes, confiriendo al relato un carácter documental que casa bien con el contenido de la historia. También se intercalan imágenes de archivo consiguiendo un resultado lleno de fuerza gracias al uso de la banda sonora, un tanto atípica, centrada en temas de rock and roll. El excelente trabajo de producción recrea a la perfección la Polonia de la época, cuyas condiciones en torno a la miseria o el frío quedan excelentemente reflejadas. 


El guión gira en torno a la figura de Walesa, como no podía ser de otro modo, pero no por ello descuida el resto de personajes. El film no sólo se centra en la figura política y sindical de Lech Walesa, sino que también aborda su vida familiar, con su esposa y sus seis hijos. Wajda realiza un excelente trabajo en el ámbito de la dirección de actores, teniendo así de resultado a una espléndida Agnieszka Grochowska en el papel de la esposa del protagonista y, cómo no, a un soberbio Robert Wieckiewicz, sin duda la mayor baza del film, que se mete en la piel de Walesa como nadie aportando naturalidad y credibilidad al conjunto.

En definitiva, ‘Walesa, la esperanza de un pueblo’ es una cinta que merece la pena ver ya que es capaz de ir mucho más allá del panfleto político. La grandeza de Wajda también reside ahí, en mostrarnos unos hechos de la forma más objetiva posible y con ello hacernos reflexionar ante temas tan importantes como el poder y la libertad.

EDUARDO M. MUÑOZ

jueves, 14 de mayo de 2015

Crítica de 'BLACKHAT- AMENAZA EN LA RED' (2015) de Michael Mann




Michael Mann nos tiene acostumbrados a un tipo de cine bien hecho y entretenido basado en la acción pero sabiendo captar al mismo tiempo a todo tipo de público,  no sólo a los amantes de este género. De esta forma encontramos productos como ‘Heat’ (1995), la que tal vez sea su mejor película, con un impresionante duelo interpretativo entre Robert De Niro y Al Pacino, que sabe aunar a la perfección la acción propia del cine policíaco con los dramas personales de los protagonistas. Mann también es recordado por haber firmado cintas tan populares como ‘El último mohicano’ (1992), una bella historia de amor entre Daniel Day-Lewis y Madeleine Stowe con el trasfondo histórico de fondo de la América colonial del siglo XVIII. Y en la no tan brillante ‘Enemigos públicos’ (2009) el espectáculo estaba servido igualmente gracias a la química existente entre Johnnie Depp y Marion Cotillard y a la ensalada de tiroteos y atracos de bancos de los años 30, una muestra más de la “marca Mann”.

A Michael Mann le gusta el juego del gato y el ratón, del policía y el ladrón, y dicha fórmula tantas veces usada en su cine la tenemos en cierta manera en su última película, ‘BlackHat- Amenaza en la red’. Una amenaza informática pone en peligro la seguridad nacional de EE.UU. y China, por lo que ambas potencias se ven obligadas a cooperar. Para ello recurren a sus mejores agentes expertos en informática, los cuales intentarán dar caza a un peligroso hacker con ayuda, además, de un preso liberado (Chris Hemsworth).

Mann sabe jugar bien con las cartas que tiene encima de la mesa y construye un thriller entretenido y bien llevado, si bien no exento de ciertos defectos. La cinta mantiene el interés en todo momento a pesar de contar con un protagonista totalmente inexpresivo, el hacker liberado de prisión encarnado por Chris Hemsworth, y con un guión algo espeso con un sinfín de tecnicismos informáticos que conseguirán entorpecer el seguimiento de la trama al espectador no experto en informática. Pero es la forma de resolver la historia lo que desinfla el producto final, sin olvidar el alargamiento de un metraje al que le sobran 15 o 20 minutos. 


Mann ha cogido el gusto por lo digital y lo usa siempre que puede. En esta ocasión además inserta a diestro y siniestro planos donde la cámara penetra por el interior de computadoras siguiendo el camino de cables que dan suministro de Internet, dejando cierta sensación de perplejidad al espectador, ya que parecen más propios de un film como ‘Matrix’ que de un thriller. No obstante, la cámara digital de Mann, dejando de lado ahora los planos generados por ordenador, dota de realismo a las escenas de acción, sin duda lo mejor de la película.  

Del reparto ya hemos dicho que Chris Hemsworth hace lo que puede por dotar de alma a su personaje, aunque no es menos cierto que el resto del reparto tampoco es para tirar cohetes. No obstante su protagonista masculino crea una química interesante con la actriz Tang Wei, en un romance creado para engordar el elemento comercial de la cinta, que sin embargo genera interés. Lástima que la verosimilitud de la película quede reducida a cenizas en un clímax final poco conseguido y abrupto, dejando en evidencia que el film ha ido de más a menos. Sin embargo se ha conseguido un producto entretenido, si bien no tan brillante como otros trabajos del cineasta.
  
EDUARDO M. MUÑOZ 

miércoles, 15 de abril de 2015

Crítica de 'E AGORA? LEMBRA-ME' (2013) de Joaquim Pinto



Joaquim Pinto es un cineasta portugués que empezó a dirigir películas en los años 80 (Uma pedra no bolso (1988), Onde bate o sol (1989). Además, ha trabajado en medio centenar de películas como técnico de sonido para directores como Manoel de Oliveira. Su última obra, el documental E Agora? Lembra-Me’, fue ganadora en el Festival de Locarno 2013 de los siguientes premios: FIPRESCI, Premio Especial del Jurado y 2° Premio del Jurado Joven, y también ha cosechado otros muchos galardones en otros festivales de medio mundo. Pinto ha grabado con su cámara un año de terapia contra el SIDA y la hepatitis C, enfermedades que padece desde hace más de veinte años. Pero lo que construye en realidad el cineasta portugués a raíz de su enfermedad es un vídeo-diario en el que sus pensamientos más íntimos serán desvelados, por supuesto la sanidad pública será un motivo de reflexión, pero también otros muchos relacionados con la crisis económica, la vida, el tiempo o la historia del arte y del cine. ‘E Agora? Lembra-Me’ es una puerta abierta a los pensamientos de Joaquim Pinto, por eso resulta un trabajo tremendamente autobiográfico al no utilizar el tratamiento para hacer un documento exclusivo sobre sanidad, sino que parece más bien que el tema le sirve a modo de McGuffin para hablar sobre lo divino y lo humano.


En este viaje de casi tres horas de duración le acompañan su marido Nuno y sus perros en un sinfín de escenas cotidianas, donde Joaquim Pinto parece querer utilizar el cine como medio de inmortalidad y como medio de hacer poesía con la imagen. Su modo intimista de abordar el trabajo puede que afecte en algún momento al ritmo de la película, a ratos desigual, pero lo que está claro es que hay que saber ir más allá de la cotidianidad del relato de Pinto para poder degustar entre líneas la universalidad de los temas que aborda. Por otro lado, originalidad no le falta. Prácticamente no existen ejemplos de un tipo de cine tan íntimo y directo, y al mismo tiempo resulta fascinante la forma en la que consigue trascender su discurso hacia conceptos universales desde una subjetividad tan marcada.

EDUARDO M. MUÑOZ 

sábado, 11 de abril de 2015

Crítica de 'PASOLINI' (2014) de Abel Ferrara




Pasolini’ retrata las últimas  horas de la vida del cineasta, escritor y poeta italiano antes de ser brutalmente asesinado en una playa. Abel Ferrara retrata al personaje desde momentos íntimos, ya sea leyendo el periódico y escribiendo, ya sea en compañía de amigos y seres queridos. Ferrara no pretende hacer una investigación sobre la muerte de Pasolini, lo que quizá muchos esperaban de este biopic. A lo más que llega al respecto es a reflejar su muerte alejándose de la versión oficial. En vez de eso, prefiere homenajear su figura a través de discursos extraídos de entrevistas en las que vislumbramos sus pensamientos devastadores acerca de la vida, así como en escenas que son prefiguraciones de una novela que se encontraba escribiendo y que dejó inconclusa (‘Petróleo’) y un guión que nunca llegó a filmar (‘Porno-Teo-Colosal’). Estos momentos sirven a modo de comentarios que ilustran alegóricamente la vida del propio Pasolini y su modo de ver el mundo, alimentando la comprensión de su pensamiento. Si bien estas subtramas podrían desconcertar al espectador menos adentrado en la figura del cineasta italiano, pensando que están insertadas de relleno.


El problema de la película tal vez resida en que realiza un homenaje a la figura de Pasolini desde la superficie, no sumergiéndose demasiado en el porqué de tan relevante figura. El cinéfilo tal vez no lo necesite, pero alguien que no esté familiarizado con Pasolini podrá mostrar con facilidad indiferencia ante el relato de Ferrara. No obstante, desde el punto de vista de las infinitas películas que podrían salir de la vida de Pasolini, Ferrara demuestra valentía al construir un extraño y emotivo film desde su admiración personal, y por eso posiblemente haya elegido acercarse sólo a los  últimos momentos de su vida. Ello confiere a la película un tono crepuscular en el que la muerte está presente desde el primer minuto. Y en las recreaciones de la película que nunca llegó a filmar el cineasta italiano, es evidente que existe una nostalgia añadida por parte de un amante del cine de Pasolini como es Abel Ferrara.


No obstante, debido en parte a su corta duración y de que se trata de un mero homenaje, tal vez se eche en falta algo más. La película al finalizar deja la sensación de que tan compleja figura merecía un tratamiento algo más profundo. Del mismo modo, se abusa demasiado de las conversaciones en inglés, teniendo en cuenta que estamos hablando de un cineasta italiano. Nada que objetar al respecto al colosal trabajo de Willem Dafoe como actor y de Abel Ferrara como realizador. Este último crea para la posteridad unas imágenes absolutamente hipnóticas para un film que tal vez no sea perfecto, pero que sin embargo deja huella.

EDUARDO M. MUÑOZ