miércoles, 27 de mayo de 2015

Crítica de 'NUESTRO ÚLTIMO VERANO EN ESCOCIA' (2014) de Andy Hamilton y Guy Jenkin


El arranque y el cierre debería ser algo a tener muy en cuenta en la construcción del guión. Un comienzo sin garra te puede arruinar una película, simplemente porque el espectador deja de prestar atención, se aburre y se va; aunque esté sujeto a una butaca de cine, algo escaso, hemos perdido lo más valioso: su atención.

El final no debería satisfacer las expectativas de un imaginario gran público, un final es consecuente con todo lo argumentado a golpe de secuencia. Resolver las tramas abiertas de forma acomodada, resta validez a todo lo acontecido. La secuencia final de ‘Nuestro último verano en Escocia’ es un desatino dentro del guión aceptable, con chispas ingeniosas, de esta comedia sin mayores pretensiones que las que se hayan fijado sus dos directores. A saber.

Andy Hamilton y Guy Jenkin son los creadores de la serie de la BBCOutnumbered (2007)’, sobre un matrimonio con tres niños. ‘Nuestro último verano en Escocia’  comparte la misma idea inicial. En el caso de la película el matrimonio se está divorciando, y las premisas sobre el desordenado mundo de los adultos y las precoces conciencias de tres niños estereotipados, niña repelente sabelotodo,  niña imaginativa, sin duda la mejor de la película, y niño obsesionado con la cultura vikinga, que ponen en entredicho una falsa estabilidad familiar. Aprovechando el tirón televisivo deciden colocar a sus personajes en Escocia, con sus estéticos planos aéreos de la bella región,  en toda película que se precie hay que demostrar que se tiene cierto empaque en la producción, de visita para el cumpleaños del abuelo, un, interpretativamente, indiferente Billy Connolly, su otro hijo, don quiero y no puedo, con su depresiva esposa y su hijo con déficit de atención. El desarrollo de los personajes está repleto de arquetipos una y mil veces vistos y exprimidos.




Sin embargo en el desarrollo de la trama principal es donde encontramos el mayor logro de la película. La idea es original e hilarante, las motivaciones de los personajes son creíbles y los tres jóvenes actores  ponen en relieve su gran trabajo, haciendo sombra en muchas ocasiones al reparto con más experiencia. El problema surge cuando, al menos esa es la impresión más poderosa que desprende el film, sus directores y guionistas pretenden dar soluciones fáciles y autocomplacientes. Introducen personajes, la trabajadora social por ejemplo, que más que aportar al desarrollo de la acción, la ridiculiza impregnándolo todo de un halo sainetesco. Comienzan los despropósitos en el guion con un  colofón sonrojante más cercano a un telefilm de muy bajo presupuesto. Ya sabemos que los finales felices no convencen, éste en concreto es un despilfarro de imaginación.

Realización y fotografía  cercanas a los cánones televisivos,  con un reparto simpático, correcto, poco creativo salvo el caso de la niña amante de la geología  que es la única que entiende el sentido primigenio de ‘Nuestro último verano en Escocia’.

Película de consumo rápido y masivo, que con los precios que se gastan las salas, es más adecuado y ajustado  su visionado en el medio televisivo. En suma, comedia de marcada orientación familiar poco apta para fanáticos de Herodes.

JUAN AVELLÁN

miércoles, 20 de mayo de 2015

Crítica de 'WALESA, LA ESPERANZA DE UN PUEBLO' (2013) de Andrzej Wajda




Andrzej Wajda, maestro del cine polaco y autor de obras tan importantes como ‘Danton’ (1983) o ‘Katyn’ (2007), toma con pulso firme y dirige con acierto este biopic sobre la figura de Lech Walesa, fundador del sindicato Solidaridad en Polonia. La película refleja los acontecimientos que en 1970 condujeron a dicho país a una revolución y que hicieron de Walesa un líder sindical y político, en un difícil camino personal desde su inicial condición de simple trabajador, llegando a ganar el Premio Nobel de la Paz.

Wajda se mueve como pez en el agua en un género tan difícil como el biopic construyendo un film lleno de ritmo y fuerza. La película aborda nada más y nada menos que 25 años en la vida de Lech Walesa, pero al mismo tiempo no pasa de puntillas por ningún acontecimiento, defecto fácilmente detectable en películas de este tipo centradas en figuras históricas. Por eso mismo las escenas no son una mera sucesión de episodios sin relación entre sí, sino que poseen la suficiente homogeneidad para tejer un relato consistente por obra y gracia de un excelente guión. Ayuda al respecto que el guión esté realizado en torno a una entrevista que le hace a Walesa una periodista italiana, por lo que todas las secuencias están planificadas a modo de flashback.

Wajda mezcla con maestría imágenes en blanco y negro con imágenes en color, sobre todo en las escenas con multitudes, confiriendo al relato un carácter documental que casa bien con el contenido de la historia. También se intercalan imágenes de archivo consiguiendo un resultado lleno de fuerza gracias al uso de la banda sonora, un tanto atípica, centrada en temas de rock and roll. El excelente trabajo de producción recrea a la perfección la Polonia de la época, cuyas condiciones en torno a la miseria o el frío quedan excelentemente reflejadas. 


El guión gira en torno a la figura de Walesa, como no podía ser de otro modo, pero no por ello descuida el resto de personajes. El film no sólo se centra en la figura política y sindical de Lech Walesa, sino que también aborda su vida familiar, con su esposa y sus seis hijos. Wajda realiza un excelente trabajo en el ámbito de la dirección de actores, teniendo así de resultado a una espléndida Agnieszka Grochowska en el papel de la esposa del protagonista y, cómo no, a un soberbio Robert Wieckiewicz, sin duda la mayor baza del film, que se mete en la piel de Walesa como nadie aportando naturalidad y credibilidad al conjunto.

En definitiva, ‘Walesa, la esperanza de un pueblo’ es una cinta que merece la pena ver ya que es capaz de ir mucho más allá del panfleto político. La grandeza de Wajda también reside ahí, en mostrarnos unos hechos de la forma más objetiva posible y con ello hacernos reflexionar ante temas tan importantes como el poder y la libertad.

EDUARDO M. MUÑOZ

jueves, 14 de mayo de 2015

Crítica de 'BLACKHAT- AMENAZA EN LA RED' (2015) de Michael Mann




Michael Mann nos tiene acostumbrados a un tipo de cine bien hecho y entretenido basado en la acción pero sabiendo captar al mismo tiempo a todo tipo de público,  no sólo a los amantes de este género. De esta forma encontramos productos como ‘Heat’ (1995), la que tal vez sea su mejor película, con un impresionante duelo interpretativo entre Robert De Niro y Al Pacino, que sabe aunar a la perfección la acción propia del cine policíaco con los dramas personales de los protagonistas. Mann también es recordado por haber firmado cintas tan populares como ‘El último mohicano’ (1992), una bella historia de amor entre Daniel Day-Lewis y Madeleine Stowe con el trasfondo histórico de fondo de la América colonial del siglo XVIII. Y en la no tan brillante ‘Enemigos públicos’ (2009) el espectáculo estaba servido igualmente gracias a la química existente entre Johnnie Depp y Marion Cotillard y a la ensalada de tiroteos y atracos de bancos de los años 30, una muestra más de la “marca Mann”.

A Michael Mann le gusta el juego del gato y el ratón, del policía y el ladrón, y dicha fórmula tantas veces usada en su cine la tenemos en cierta manera en su última película, ‘BlackHat- Amenaza en la red’. Una amenaza informática pone en peligro la seguridad nacional de EE.UU. y China, por lo que ambas potencias se ven obligadas a cooperar. Para ello recurren a sus mejores agentes expertos en informática, los cuales intentarán dar caza a un peligroso hacker con ayuda, además, de un preso liberado (Chris Hemsworth).

Mann sabe jugar bien con las cartas que tiene encima de la mesa y construye un thriller entretenido y bien llevado, si bien no exento de ciertos defectos. La cinta mantiene el interés en todo momento a pesar de contar con un protagonista totalmente inexpresivo, el hacker liberado de prisión encarnado por Chris Hemsworth, y con un guión algo espeso con un sinfín de tecnicismos informáticos que conseguirán entorpecer el seguimiento de la trama al espectador no experto en informática. Pero es la forma de resolver la historia lo que desinfla el producto final, sin olvidar el alargamiento de un metraje al que le sobran 15 o 20 minutos. 


Mann ha cogido el gusto por lo digital y lo usa siempre que puede. En esta ocasión además inserta a diestro y siniestro planos donde la cámara penetra por el interior de computadoras siguiendo el camino de cables que dan suministro de Internet, dejando cierta sensación de perplejidad al espectador, ya que parecen más propios de un film como ‘Matrix’ que de un thriller. No obstante, la cámara digital de Mann, dejando de lado ahora los planos generados por ordenador, dota de realismo a las escenas de acción, sin duda lo mejor de la película.  

Del reparto ya hemos dicho que Chris Hemsworth hace lo que puede por dotar de alma a su personaje, aunque no es menos cierto que el resto del reparto tampoco es para tirar cohetes. No obstante su protagonista masculino crea una química interesante con la actriz Tang Wei, en un romance creado para engordar el elemento comercial de la cinta, que sin embargo genera interés. Lástima que la verosimilitud de la película quede reducida a cenizas en un clímax final poco conseguido y abrupto, dejando en evidencia que el film ha ido de más a menos. Sin embargo se ha conseguido un producto entretenido, si bien no tan brillante como otros trabajos del cineasta.
  
EDUARDO M. MUÑOZ 

miércoles, 15 de abril de 2015

Crítica de 'E AGORA? LEMBRA-ME' (2013) de Joaquim Pinto



Joaquim Pinto es un cineasta portugués que empezó a dirigir películas en los años 80 (Uma pedra no bolso (1988), Onde bate o sol (1989). Además, ha trabajado en medio centenar de películas como técnico de sonido para directores como Manoel de Oliveira. Su última obra, el documental E Agora? Lembra-Me’, fue ganadora en el Festival de Locarno 2013 de los siguientes premios: FIPRESCI, Premio Especial del Jurado y 2° Premio del Jurado Joven, y también ha cosechado otros muchos galardones en otros festivales de medio mundo. Pinto ha grabado con su cámara un año de terapia contra el SIDA y la hepatitis C, enfermedades que padece desde hace más de veinte años. Pero lo que construye en realidad el cineasta portugués a raíz de su enfermedad es un vídeo-diario en el que sus pensamientos más íntimos serán desvelados, por supuesto la sanidad pública será un motivo de reflexión, pero también otros muchos relacionados con la crisis económica, la vida, el tiempo o la historia del arte y del cine. ‘E Agora? Lembra-Me’ es una puerta abierta a los pensamientos de Joaquim Pinto, por eso resulta un trabajo tremendamente autobiográfico al no utilizar el tratamiento para hacer un documento exclusivo sobre sanidad, sino que parece más bien que el tema le sirve a modo de McGuffin para hablar sobre lo divino y lo humano.


En este viaje de casi tres horas de duración le acompañan su marido Nuno y sus perros en un sinfín de escenas cotidianas, donde Joaquim Pinto parece querer utilizar el cine como medio de inmortalidad y como medio de hacer poesía con la imagen. Su modo intimista de abordar el trabajo puede que afecte en algún momento al ritmo de la película, a ratos desigual, pero lo que está claro es que hay que saber ir más allá de la cotidianidad del relato de Pinto para poder degustar entre líneas la universalidad de los temas que aborda. Por otro lado, originalidad no le falta. Prácticamente no existen ejemplos de un tipo de cine tan íntimo y directo, y al mismo tiempo resulta fascinante la forma en la que consigue trascender su discurso hacia conceptos universales desde una subjetividad tan marcada.

EDUARDO M. MUÑOZ 

sábado, 11 de abril de 2015

Crítica de 'PASOLINI' (2014) de Abel Ferrara




Pasolini’ retrata las últimas  horas de la vida del cineasta, escritor y poeta italiano antes de ser brutalmente asesinado en una playa. Abel Ferrara retrata al personaje desde momentos íntimos, ya sea leyendo el periódico y escribiendo, ya sea en compañía de amigos y seres queridos. Ferrara no pretende hacer una investigación sobre la muerte de Pasolini, lo que quizá muchos esperaban de este biopic. A lo más que llega al respecto es a reflejar su muerte alejándose de la versión oficial. En vez de eso, prefiere homenajear su figura a través de discursos extraídos de entrevistas en las que vislumbramos sus pensamientos devastadores acerca de la vida, así como en escenas que son prefiguraciones de una novela que se encontraba escribiendo y que dejó inconclusa (‘Petróleo’) y un guión que nunca llegó a filmar (‘Porno-Teo-Colosal’). Estos momentos sirven a modo de comentarios que ilustran alegóricamente la vida del propio Pasolini y su modo de ver el mundo, alimentando la comprensión de su pensamiento. Si bien estas subtramas podrían desconcertar al espectador menos adentrado en la figura del cineasta italiano, pensando que están insertadas de relleno.


El problema de la película tal vez resida en que realiza un homenaje a la figura de Pasolini desde la superficie, no sumergiéndose demasiado en el porqué de tan relevante figura. El cinéfilo tal vez no lo necesite, pero alguien que no esté familiarizado con Pasolini podrá mostrar con facilidad indiferencia ante el relato de Ferrara. No obstante, desde el punto de vista de las infinitas películas que podrían salir de la vida de Pasolini, Ferrara demuestra valentía al construir un extraño y emotivo film desde su admiración personal, y por eso posiblemente haya elegido acercarse sólo a los  últimos momentos de su vida. Ello confiere a la película un tono crepuscular en el que la muerte está presente desde el primer minuto. Y en las recreaciones de la película que nunca llegó a filmar el cineasta italiano, es evidente que existe una nostalgia añadida por parte de un amante del cine de Pasolini como es Abel Ferrara.


No obstante, debido en parte a su corta duración y de que se trata de un mero homenaje, tal vez se eche en falta algo más. La película al finalizar deja la sensación de que tan compleja figura merecía un tratamiento algo más profundo. Del mismo modo, se abusa demasiado de las conversaciones en inglés, teniendo en cuenta que estamos hablando de un cineasta italiano. Nada que objetar al respecto al colosal trabajo de Willem Dafoe como actor y de Abel Ferrara como realizador. Este último crea para la posteridad unas imágenes absolutamente hipnóticas para un film que tal vez no sea perfecto, pero que sin embargo deja huella.

EDUARDO M. MUÑOZ 

miércoles, 1 de abril de 2015

Crítica de 'LA HISTORIA DE MARIE HEURTIN' (2014) de Jean-Pierre Améris



Estamos ante un film muy interesante sobre superación, amistad, lucha y perseverancia, dirigido por Jean Pierre Améris, autor que ya había tratado temas similares en un film de muy buena factura como ‘La Vida’ sobre enfermos mentales. Pero quizá podamos decir que con esta 'Marie Heurtin' se supera, y logra una obra emocionante y conmovedora que va a tocar la fibra sensible de todo aquel espectador al que le gusta ver cine "de sentimiento".

Es una película en cuyo visionado recordaremos inevitablemente otros films como ‘El Pequeño Salvaje’ o ‘El Milagro de Ana Sullivan’, con las que encontraremos ciertos paralelismos. El argumento gira en torno a la historia basada en hechos reales de una niña sorda, muda y ciega que en 1895 ingresa en el Instituto Larnay, institución religiosa regida por monjas especializadas en el cuidado de niñas sordas. La familia de la pequeña Heurtin prácticamente la entregan asilvestrada en la institución, donde en principio no es aceptada, hasta que la tenacidad de la hermana Margueritte (interpretada por la ganadora de un César Isabelle Carré) convence a la Madre Superiora de aceptar a esta niña, a pesar de su devastador estado.

La niña está interpretada por la niña sorda Ariana Rivoire, que realiza una gran interpretación, a la altura de un gran reparto que hace creíbles y emotivos los distintos personajes. También es destacable la banda sonora de Sonia Wieder-Atherton, solemne y cercana a la vez, sabiendo transmitir en cada momento grandes sensaciones al espectador. También destaca sobremanera la gran fotografía de Virginie Saint-Martin, llena de luz, colorido y optimismo, que nos hace creer en que la lucha de la hermana Margueritte tendrá éxito.


Poco a poco vamos viendo cómo Margueritte se esfuerza en cuerpo y alma por conseguir progresos con la niña, y no desvelamos más, sólo diremos que la historia se vuelve emotiva por momentos según nos vamos dirigiendo al final, donde todo espectador sensible (como me ocurrió a mí mismo) acabará derramando alguna lagrimita. Margueritte vive un calvario personal en esta lucha por sacar adelante a la niña, pero está dispuesta a todo para conseguirlo. El olfato, el tacto, son los instrumentos de los que disponen y estos sentidos lo inundan todo durante este combate por dar la pequeña Marie una vida mejor.

El lenguaje de signos es clave en el film. El uso de los sentidos es un aprendizaje para el propio espectador sobre cómo debemos saber apreciar lo que tenemos y aprovecharlo. Esta película es un canto a la vida, al esfuerzo, a la tenacidad y a la amistad, al dar desinteresadamente y a la búsqueda de la felicidad en un mundo lleno de vida y muerte  alrededor.

"Hoy he conocido un alma" dice la hermana Margueritte al conocer a la niña, y esta cinta nos cuenta la relación entre dos almas que buscan ejercer su derecho a una vida lo más plena y digna posible. Película recomendable si se busca una obra que emocione con una historia real y con una muy correcta realización e interpretaciones.

ANTONIO JAVIER REGIDOR PUERTO

martes, 24 de marzo de 2015

Crítica de 'LOBOS DE ARGA' (2011) de Juan Martínez Moreno




A largo de la historia del cine, que en estos días cumple 120 años, dicho sea de paso, se han hecho muchas películas sobre el tema de la licantropía. Ahí quedan para el recuerdo y el deleite de cinéfilos obras como la versión de la Universal de 1941 dirigida por George Waggner, las producciones españolas interpretadas por el carismático e inolvidable actor Paul Naschy (para sus amigos Jacinto Molina) y otras populares sobre todo entre el público adolescente con dosis de comedia y terror (‘Un hombre lobo americano en Londres’, John Landis, 1981), por citar algunas.

A este último subgénero pertenece ‘Lobos de Arga’, que mezcla con acierto el terror, la comedia y el gore. Juan Martínez Moreno (‘Un buen hombre’, ‘Dos tipos duros’), director y guionista, apuesta por ubicarla dentro del folclore gallego, como ya hiciera Pedro Olea pero en un ambiente más psicológico en la obra de culto ‘El bosque del lobo’ (1970). ‘Lobos de Arga’ , por su parte, se acerca al estilo de producciones de serie B del cine de Paul Naschy introduciendo a la vez toques humorísticos. Dentro de toda esta amalgama de elementos no podían faltar los tópicos del género, como una solitaria aldea en medio de un bosque (de nombre ficticio) y un protagonista que es el último descendiente de una familia sobre la que pesa una maldición (Gorka Otxoa).

Carlos Areces y Secun de la Rosa acompañan a Gorka Otxoa en esta aventura gamberra que apuesta por recrear a las criaturas de forma artesanal, acudiendo a efectos digitales sólo en momentos concretos, destacando del conjunto un excepcional maquillaje. Los chistes funcionan, así como los actores y en gran medida el guión, pese a rizar el rizo en cierta manera en su tramo final. No cabe duda de que Juan Martínez Moreno realiza un film muy digno demostrando gran conocimiento del subgénero, y dota además al film de un endiablado ritmo en un estilo que recuerda al que posteriormente adoptará Álex de la Iglesia para ‘Las brujas de Zugarramurdi’ (2013). Recomendable para pasar un rato entretenido y para el público más freak. 

EDUARDO M. MUÑOZ

martes, 17 de marzo de 2015

Crítica de 'PERDIENDO EL NORTE' (2015) de Nacho G. Velilla




A través del tópico, un guión rutinario y personajes planos se perfila ‘Perdiendo el norte’, la nueva película del cineasta Nacho G. Velilla, responsable de cintas como ‘Que se mueran los feos’ (2010), y co-creador en el marco televisivo de series populares como ‘Aída’ y 'Siete vidas'.

La película no aporta nada nuevo a lo ya visto en este tipo de comedias. En esta ocasión el guión de Antonio Sánchez, David S. Olivas, Oriol Capel y el propio Nacho G. Velilla (¿hacía falta tanto guionista para un resultado tan discreto?) aprovecha la coyuntura económica española actual, donde tantas personas han tenido que emigrar a la búsqueda de un futuro mejor, para reflejar dicha situación desde el punto de vista humorístico.

Podría resultar novedosa por reflejar un tema actual, pero en realidad la película no se aleja de los planteamientos ya vistos en ‘Vente a Alemania, Pepe’ (1971, Pedro Lazaga), y en cierto modo algunas situaciones recuerdan al film de Carlos Iglesias Un franco, catorce pesetas’ (2006). El film de Velilla incluso hace un guiño al respecto en el personaje de José Sacristán, que bien podría ser el mismo que interpretó el actor en el film de Lazaga, un emigrante español de la época que se quedó a vivir en Alemania. Pero el equipo de 'Perdiendo el norte' se esfuerza por adaptar la fórmula al humor y lenguaje televisivo del que procede Nacho G. Velilla (de hecho la película podría muy bien funcionar como capítulo alargado de una de sus series) para intentar acercarla un mayor número de público. Tanto que incluso han introducido cameos de personajes famosos procedentes de Atresmedia, no se sabe si como fórmula de emular los Torrentes del señor Segura o como forma de hacer publicidad a programas del grupo de comunicación. Sea como fuere, ahí tenemos las apariciones del presentador Arturo Valls y del cocinero Alberto Chicote, este último totalmente desafortunado interpretándose a sí mismo.




El problema del film radica básicamente en que las situaciones expuestas están más que explotadas dentro del género cómico (¿cuántas veces tendremos que ver la típica boda que se frustra en el último momento?) y los gags resultantes no funcionan todo lo bien que debieran, ya sea en el apartado de los problemas con el idioma o en los derivados del cruce entre diferentes culturas y formas de ver el mundo (¿a alguien le suena el  título ‘Ocho apellidos vascos’?). Los chistes, por otro lado, resultan manidos, ya que explotan hasta la saciedad los tópicos populares hacia los alemanes (desde las vacaciones en Mallorca hasta las bromas relacionadas con Angela Merkel y su austeridad económica). Y no podía faltar la subtrama amorosa que siempre tiene que aparecer por un lado u otro, en esta ocasión además carente de todo interés, pese a ser uno de los gruesos del film.

Lo mejor de la película es la aportación de Julián López, quien demuestra una vez más estar dotado de un talento innato para la comedia; y el personaje de José Sacristán, que mediante la metáfora del alzheimer nos recuerda aquello de que quien olvida su historia está condenado a repetirla (el mejor detalle, quizá, de este previsible guión). El resto de los actores no destacan, ya sean por sosos (Yon González, Blanca Suárez, Úrsula Corberó) o por desaprovechados (Javier Cámara, Carmen Machi, Malena Alterio), fruto de una dirección de actores muy mejorable en el marco de un guión que no da más de sí. Algunos chistes funcionan de forma aislada, y se consigue en general un ritmo acertado, pero no lo suficiente para que los errores acaben superando a los aciertos de esta cinta de la que se podría haber sacado mucho más partido.


EDUARDO M. MUÑOZ