miércoles, 26 de agosto de 2015

Crítica de 'MÁS ALLÁ DE LA NOCHE' (2014) de Rafael Hernández de Dios



'Más allá de la noche' es la ópera prima de Rafael Hernández de Dios, un joven cineasta que demuestra un talento lo suficientemente asentado como para manejar con soltura una trama expuesta únicamente en una localización, un piso del barrio madrileño de Malasaña. Diversos objetos, el cartel de 'M, el vampiro de Düsseldorf' (1931, Fritz Lang) y algunos dibujos que hacen referencia al mito de la caverna de Platón, decoran las cuatro paredes donde unos jóvenes reflexionan sobre la vida y la crisis económica en una noche de botellón un tanto extraña y asfixiante.

Decía Hitchcock que cualquier entorno puede ser susceptible de ser utilizado para generar suspense, incluso una cabina de teléfono. Rafael Hernández de Dios toma la premisa al pie de la letra y se mueve como pez en el agua dentro del piso malasañero, donde mueve la cámara con acierto para reflejar las angustias, ilusiones y fracasos de estos amigos, interpretados por los flamantes actores Naim Thomas, Paula López-Bravo, Javier Revert, Enrique Sebastián, Natalia Cooper y Alberto Zafra. Diálogos que no aburren y situaciones personales donde es difícil no sentirse reflejado de alguna manera, con el clímax de la crisis económica de fondo, constituyen las piezas de esta historia que bebe mucho del cine de la nouvelle vague (con baile a lo 'Band Apart' incluido) y del primer Jim Jarmusch, entre otras referencias cinéfilas y literarias.


Ya hemos hablado de los flamantes actores, pero resulta difícil no hacer hincapié en el trabajo formidable que realizan, sin el cual pese a lo interesante de la propuesta el edificio se hubiera venido abajo sin remedio. Gracias a ellos el film rebosa cercanía, frescura y naturalidad, dando voz y forma a un guión ya interesante de por sí, pero que queda engrandecido ante sus interpretaciones. Un elemento importante dentro de la trama son las metáforas y elementos externos que se introducen en la fiesta pese a no haber sido invitados, como el ordenador con virus, el teléfono “apagado o fuera de cobertura” o el helicóptero de la policía, que nos recuerdan el hecho de que no somos más que títeres dentro de una función de la que no sabemos quiénes son los últimos responsables. 

La frustración de la juventud ante un panorama no muy esperanzador quizá sea el tema dominante de la película, pero no el único. También salen a relucir las drogas, los sueños perdidos, la crisis de los treinta, el desamor o la emigración. No hace falta emplazar la historia en localizaciones externas para reflejar dichos elementos, ya que de la propia habitación donde los jóvenes beben, fuman y esnifan cocaína (esto último sobre un ejemplar de ‘La gaya ciencia’ de Nietzsche, ¿otra metáfora?), se trasciende lo cotidiano de la situación. 


'Más allá de la noche' sorprende gratamente y rebosa talento. Por ello ha visitado ya algunos festivales, entre los que destacan el Overlook-5th CinemAvvenire Film Festival en Roma y el Rizoma 2015 en Madrid, todo un logro para un film de 4.000 euros de presupuesto al margen de toda subvención pública que esperemos que logre el apoyo necesario para continuar con su distribución, ya que es un soplo de aire fresco dentro de una industria que peca cada vez más de películas comerciales pensadas para el consumo fácil.



EDUARDO M. MUÑOZ

miércoles, 19 de agosto de 2015

Crítica de 'AMAR, BEBER Y CANTAR' (2014) de Alain Resnais





Amar, beber y cantar’ es un título ya lo suficientemente llamativo como para acercarse al producto que esconde, un título optimista que recuerda al de una zarzuela. Si encima resulta ser el último trabajo del mítico cineasta Alain Resnais, ya poseemos razones de sobra (al menos dos) para acercarnos a esta película. ‘Amar, beber y cantar’ se convirtió por sorpresa en el testamento cinematográfico de Resnais al fallecer en 2014, poco tiempo después de que el film se alzara con los premios FIPRESCI y Alfred Bauer del Festival de Berlín.

Alain Resnais, quien otrora regalara a varias generaciones de cinéfilos obras de la talla de ‘Hiroshima, mon amour’ (1959) o ‘El año pasado en Marienbad’ (1961), decide adaptar en esta ocasión una obra de Alan Ayckbourn que paradójicamente habla de la cercanía de la muerte y donde en varias ocasiones el film parece anticipar la propia muerte del cineasta, como por ejemplo en la escena final donde los protagonistas asisten al entierro del personaje que es el eje central de la trama.




El film gira en torno a dos parejas cuyas vidas se ven trastocadas ante la inminencia de la muerte de un amigo cercano, al cual le diagnostican seis meses de vida. Como están ensayando una obra de teatro amateur en la que intervendrán, deciden incluir al amigo, de nombre George Riley, en el reparto. La inminente muerte de George también influirá de forma significativa en la vida de la última pareja de éste, Mónica, la cual reside en el campo con su nueva pareja.


Ante tal premisa, Alain Resnais habla de temas como la fugacidad de la vida y el carpe díem en un marco muy peculiar que gira en torno a un personaje al cual no vemos en ningún momento, pese a que toda la trama gira en torno a él. Resnais utiliza el teatro como metáfora y como forma estética del film, el cual goza de un deliberado y marcado estilo teatral. Todos los personajes esconden cosas y en el fondo el cineasta francés parece decirnos que la vida es un gran teatro donde todos interpretamos de una forma u otra. Resnais utiliza los recursos de que dispone para acercarnos a una obra amable desde el lado del humor y la ironía, por supuesto ahondando también en el amor, recurso al que se adhiere a menudo con diversas situaciones que subrayan el tono cómico de la cinta.




‘Amar, beber y cantar’ no está a la altura de otras obras maestras de la filmografía del genial autor francés pero sí tiene la suficiente fuerza como para sobreviva al paso del tiempo más allá del interés cinéfilo de que se trate de su última obra. Los seis actores del film resultan del todo creíbles (aconsejamos su visionado en versión original) y consiguen llevar todo el peso de la acción de forma formidable, acompañados de unos decorados teatrales bellamente iluminados por la fotografía de Dominique Bouilleret. Reconocemos que al principio nos costó entrar en este universo 'mitad cine-mitad teatro' y de algo así como "teatro dentro del teatro", pero al cabo de un rato el hechizo desde el más allá que formula Resnais surte efecto dejando pegado a la butaca hasta el final al espectador. Merece la pena acercarse a su última bocanada de cine.

EDUARDO M. MUÑOZ

viernes, 17 de julio de 2015

Crítica de 'TERMINATOR GÉNESIS' (2015) de Alan Taylor



Terminator Génesis’ retoma la saga iniciada por James Cameron en 1984 en una quinta entrega cuando menos, interesante y curiosa. El nuevo film dirigido por Alan Taylor pretende satisfacer a toda la generación de fans que no quedaron satisfechos con ‘Terminator 3: La rebelión de las máquinas’ (Jonathan Mostow, 2003) y ‘Terminator Salvation’ (McG, 2009) y para ello retoma las situaciones ya vividas en los orígenes de la saga recreando al detalle secuencias originarias del film de 1984, donde un jovencísimo Arnold Schwarzenegger interpretaba al primer Terminator. A la vez también la película hace un guiño a ‘Terminator 2: El juicio final’ (James Cameron, 1991) con la aparición del mítico T-1000 dentro del mismo escenario. Las primeras escenas de ‘Terminator’ (James Cameron, 1984) son vistas desde otro punto de vista alternativo en un interesante ejercicio de recreación de las escenas originales que recuerda al realizado por Robert Zemeckis en ‘Regreso al futuro II’ (1989) (qué grandes fueron los años 80). Constituyendo, dicho sea de paso, lo mejor de la película.

Alan Taylor realiza un ejercicio nostálgico que rodea a toda la película y homenajea con acierto una saga mítica de la ciencia ficción que ha marcado la infancia y adolescencia de toda una generación. No obstante, el film pasa del homenaje a la autoparodia de forma inconsciente (o no), incidiendo demasiado en un humor basado en el personaje de Arnold Schwarzenegger. Los guionistas explotan con acierto el hecho de que el actor tal vez esté mayor para interpretar de nuevo a la máquina exterminadora y al respecto hacen chistes ingeniosos, si bien se acaba abusando de ello. 


Los actores no dan la talla a excepción de Schwarzenegger y el verdadero villano de la película es toda una sorpresa, pese a que el actor (el cual no desvelo para evitar spoilers de mal gusto) tampoco actúe a las mil maravillas. ‘Terminator Génesis’ termina siendo un simpático disparate que se ve con agrado pese a ser un trabajo fallido, en una trama para colmo enrevesada quizá en exceso. Eso sí, hay que agradecer el hecho de que hayan arriesgado insertando en el guión el recurso de las líneas temporales alternativas. En definitiva, es una película que tiene un buen comienzo y un mejorable final, y entre guiños cinéfilos a la saga, la parodia, las escenas de acción (bastante conseguidas) y los chistes y las paradojas temporales se consigue una compleja y curiosa mezcla no exenta de cierto encanto. Aunque claramente es una película demasiado imperfecta, no obstante quizá estemos ante el mejor Terminator desde ‘Terminator 2’.


EDUARDO M. MUÑOZ

viernes, 10 de julio de 2015

Crítica de 'RETRATOS DE FAMILIA' (2013) de Anthony Chen





Película basada en las vivencias personales de su director, Anthony Chen, que en esta su ópera prima nos cuenta la historia de una familia, los Lim, afectada por la devastadora  crisis de la economía asiática en los años 90, más en concreto en el año 1997.

Los Lim son una familia de clase media-alta, de tres miembros, que va a recibir la llegada de una sirvienta filipina (Teresa) para ayudar a cuidar al pequeño de la casa, el problemático Jialer, niño tremendamente conflictivo y difícil. Poco a poco la situación familiar se va a complicar cuando el padre de familia pierde su empleo, a la par que se establece una estrecha y peculiar relación entre el niño y su cuidadora extranjera.

Película de "sentimientos", rodada con gran realismo, aunque combinado con una fotografía que podíamos definir como fantasmagórica por momentos, por su aire onírico e irreal en algunas situaciones. Se nos narra la vida cotidiana familiar de manera casi documental, a la vez que se busca que nos identifiquemos plenamente con los personajes, entrañables y sencillos. El acercamiento a ellos hace que los  observemos fija y detalladamente, sin perder detalle de sus reacciones, pensamientos, acciones, ante los obstáculos que se van encontrando.


Es una película de problemas familiares, de crisis económica y social, donde se analiza con un guión sólido los problemas que llevan a una familia al sufrimiento y al riesgo de la división y el enfrentamiento. La esperanza nunca se pierde frente a las dificultades, y siempre hay un horizonte nuevo  o un camino que explorar, esa sensación se nos busca transmitir desde el primer minuto hasta el último del largometraje.

Mezcla de lo que podría ser un film de cine independiente europeo y de cine asiático costumbrista, fue muy bien acogida en el Festival de Cannes, donde recibió una gran ovación y el premio a la mejor fotografía y a la mejor opera prima, además de una veintena de premios en otros festivales.


Buenas interpretaciones, gran montaje y gran fotografía son los aspectos más destacados del film, en mi opinión junto a la gran destreza del joven director, que ha hecho de este film un referente del más reciente cine asiático.

Yo la recomendaría para todo aquel que se deje conmover por el cine humano, de sentimientos, de historias sencillas, aunque quizás para mi gusto no es una obra que impacte y deje marcado, hay películas de este estilo que me han llegado mucho más profundamente. Y obviamente no la recomiendo para aquel que busca cine comercial, de fácil consumo e historias inverosímiles pero atractivas por su espectacularidad. Esta película es todo lo contrario.

"¿Crees que suicidarse es  divertido?"   (Teresa)


ANTONIO JAVIER REGIDOR PUERTO

lunes, 29 de junio de 2015

Crítica de 'APRENDIENDO A CONDUCIR' (2014) de Isabel Coixet


Una de las mayores virtudes de Aprendiendo a conducir’ es su falta de pretenciosidad. Lo que cuenta la película no es nada del otro mundo, pero el buen hacer de la cineasta catalana Isabel Coixet convierte este producto de encargo en algo mucho más interesante de lo que 'a priori' pueda parecer. Coixet repite con Ben Kingsley y Patricia Clarkson tras ‘Elegy’ (2008), consiguiendo de nuevo un espléndido trabajo de ambos y una química como pareja protagonista que resulta una de las bazas a favor del film. Patricia Clarkson interpreta a Wendy, una crítica literaria que vive en Manhattan y que decide sacarse el carnet de conducir tras el hundimiento de su matrimonio. Por otro lado, Ben Kingsley es un refugiado hindú que trabaja como taxista e instructor de una autoescuela que se encargará de impartir las clases que Wendy demanda.

A través del evidente choque cultural se puede llegar a pensar que Coixet no tiene otra cosa en mente que presentarnos una comedia romántica al uso a través de una estructura más o menos clásica sobre una divorciada que encuentra de nuevo el amor en una persona que pese a las apariencias no es muy diferente a ella. Sin embargo es de agradecer que el guión de Sarah Kernochan no circule por dichos derroteros. ‘Aprendiendo a conducir’ es más bien una historia sobre segundas oportunidades, sobre el aprendizaje continuo que la vida nos ofrece y sobre la confianza en las personas. No siendo acérrimo de la Coixet, este trabajo me convence por su sinceridad y por el buen hacer que desprende cada fotograma.



'Aprendiendo a conducir' también bucea por el drama de la inmigración ilegal, añadiendo riqueza a un guión que no recae en lo convencional y que dota a sus personajes de gran credibilidad y profundidad. Parafraseando a la propia directora, esta película es la única de su filmografía donde el espectador no querrá cortarse las venas tras su visionado, lo que agradecerán los detractores de sus "melodramones". Sencilla pero efectiva a la vez. Recomendable, muy recomendable.

EDUARDO M. MUÑOZ

martes, 23 de junio de 2015

Crítica de 'WHITE DOG' (2014) de Kornél Mundruczó


Una joven atraviesa en bicicleta un puente sobre el Danubio, en un Budapest semidesértico. De repente, una gran manada de perros la alcanza y la sobrepasa, fundiéndose por unos momentos en un mismo camino ambas razas, humana y canina, en una escena de gran belleza plástica, rodada a cámara lenta. Esta escena es una declaración de intenciones de lo que va a ser el film, nos pone en aviso de lo que va a acontecer.

White God’ llega a nuestras pantallas avalada por sus premios y la repercusión que ha obtenido por lo llamativo de su trama. Este film húngaro de Kornél Mundruczó ha recibido el Premio Eurimages en el Festival de Sevilla, y fue la ganadora de la sección "Un Certain Regard" en la última edición del Festival de Cannes. Mezcla de cine de autor y cine fantástico, estamos ante un cuento macabro que nos va a hacer pensar y reflexionar profundamente.

Se nos presenta un drama familiar. Lili (una muy correcta Zsofía Psotta), es una introvertida e incomprendida adolescente, que solo se siente querida por su fiel Hagen, su perro mestizo. Una nueva ley de la ciudad obliga a pagar una gran tasa a las familias que poseen un perro que no sea de raza pura, con lo que la ciudad se llena de perros abandonados. El padre de Lili, que debe cuidarla durante tres meses, odia a los perros y considera objetos sin sentimientos a los animales, trabaja en un matadero donde a diario ve despiezar a vacas, de manera mecánica y fría. Tras varios enfrentamientos padre-hija, Hagen es abandonado y comienza su durísima travesía por una ciudad deshumanizada y despiadada, donde sufrirá todo tipo de violencia y malos tratos animales que podamos imaginar y no desvelamos al espectador.

Entonces comienza un canto a la lucha entre la candidez e inocencia que representan Hagen y Lili frente a un mundo duro, violento, sin ningún tipo de sentimientos; y la historia paralela de ambos personajes, los cuales quieren huir de lo que les rodea y quieren volver a unirse de nuevo, pero les espera un crudo destino. Ambos pierden la inocencia ante todo lo que tienen que ir viviendo, los reveses de la vida les hacen cambiar. La frialdad, el miedo al otro, a lo distinto, hace que Hagen sufra todo tipo de daños, vejaciones y humillaciones por parte de seres a los que cuesta definir como "humanos". Se muestra a los perros como seres puros, inocentes, sin el rencor del ser humano.


La película contiene un claro mensaje contra la discriminación y el racismo, el mestizo es abandonado y humillado, mientras que los perros "puros" caminan con sus dueños por la ciudad sin problema. "Ambos somos perros hambrientos" dice un personaje con el que se cruza Hagen en su triste recorrido, los pobres también viven marginados y la gente se aprovecha de ellos.

Hagen está interpretado por dos perros hermanos de Arizona, y realizan una grandisima interpretación. El gran mérito del film es cómo se manejan 200 perros en escena, siendo solo actores "profesionales" los perros que hacen de Hagen, los demás son perros abandonados en una protectora, y que, por cierto, gracias al film ya están todos adoptados. El título "White God" es un juego de palabras con "White Dog" (perro blanco),  que nos hace reflexionar: ¿Dios es blanco?, ¿los blancos son superiores?, ¿el verdadero Dios es esa inocencia que la deshumanización nos hace perder? También en este exterminio canino podemos ver una clara metáfora del holocausto, las perreras son como las cámaras de gas donde se aplica "la solución final", sin ningún tipo de remordimiento.

En mi opinión la primera parte del film es mas brillante. Se resuelven mejor los momentos intimistas y de reflexión y las peripecias de Hagen por sobrevivir que los momentos de la segunda parte, que nos llevan a un terreno más cerca del cine fantástico y de terror. En esta segunda mitad hay algunos fallos y lagunas de guión, y aspectos peor resueltos, como un final, de grandísima belleza estética pero que deja con sabor agridulce. Además en esta segunda parte hay alguna escena que se podía haber evitado y busca el sensacionalismo o la lágrima fácil más que ayudar en la fábula que se nos está narrando. Budapest adquiere un aspecto ya no solo frío como en la primera mitad del film, sino que pasa a ser una ciudad devastada, prácticamente una ciudad en guerra, cuando las "bestias" se vuelven "humanas".

Al  terminar el film nos preguntamos ¿quién es la bestia y quién son los "humanos"? Los perros cuando tienen comportamiento animal tienen sentimientos, son fieles e inocentes, cuando empiezan a actuar como humanos, se vuelven bestias rencorosas y violentas. Como hemos dicho es un film de buenas interpretaciones, un magnífico trabajo de entrenamiento de animales para unas grandes actuaciones caninas, y una buena música de Asher Goldschmidt que acompaña muy correctamente en todo momento.

Esta película la recomiendo para quien busque cine "de pensar", cine duro, de gran realismo y fantasía a partes iguales dentro del mismo film, cine de reflexión y que hace que nos planteemos preguntas. No es ‘El Origen del Planeta de los Simios’, ‘Los Pájaros’ ni ‘Espartaco’, aunque tiene momentos de guiños e inspiración en dichos largometrajes. Es un producto con personalidad propia y ésto quizás sea la mejor baza a su favor, es una especie de híbrido entre el cine fantástico, el cine de autor, el cine de terror y la fábula social. Es una película que impacta, impresiona, es imposible que deje indiferente. Eso sí, si se busca cine de acción o aventuras sin más, ‘White God’ es otra cosa.

"Quizás todo lo terrible es, en su ser más profundo, algo que necesita nuestro amor” –Rainer Maria Rilke

ANTONIO JAVIER REGIDOR PUERTO

martes, 9 de junio de 2015

Crítica de 'Güeros' (2014) de Alonso Ruizpalacios







Güero, ra
1. adj. Méx. Dicho de una persona: Que tiene los cabellos rubios. Que tiene la piel blanca. U. t. c. s.

Así, con esta aclaración del significado del título, comienza este film mexicano premiado en Berlín como mejor opera prima y en San Sebastián como mejor película latinoamericana. También ha sido reconocido en su país de origen con cinco premios Ariel, incluido el de la mejor película.

¿Qué nos encontramos al visionar este debut en pantalla grande del ex director teatral Alonso Ruizpalacios? Pues nos encontramos ante una película de una factura exquisita, cuidada al detalle, innovadora, de planos imposibles y experimentales en  sus momentos más brillantes. Es una película que juega con los silencios, con los sonidos que invaden dichos silencios y con el contraste entre momentos de reflexión y momentos de acción.


Partimos de una trama argumental muy sencilla: Santos y Sombra viven en un apartamento desganados y desencantados con todo. El apartamento se encuentra en lamentables condiciones, incluso sin luz. Un día reciben la visita de Tomás, el hermano de Sombra, al que su madre ya no soporta más. Con su llegada los tres van a iniciar un viaje en busca de un viejo rockero mexicano olvidado, Epigmenio Cruz, al que nadie recuerda, pero es muy importante para ellos porque era escuchado por el padre de Sombra y Tomás.

El argumento es sencillo, pero la búsqueda que inician los personajes como hemos dicho es compleja y llena de diálogos y momentos que provocan la reflexión sobre el ser humano y la existencia misma. Es una película mucho más visual que de diálogo, pero las interpretaciones son muy cuidadas y dan un toque frío pero cercano a la vez a los personajes, tal como busca el director. No es una película de fácil consumo, es una largometraje que invita a a la reflexión y al disfrute del derroche visual e imaginativo que nos regala Alonso Ruizpalacios.

También tenemos que decir que puede resultar aburrida en algunos momentos, el ritmo es intencionadamente lento en el desarrollo de la acción y el peculiar sentido del humor que se despliega puede no resultar atractivo para todos los públicos. Aquel que busque una película con un desarrollo fácil y convencional puede resultar decepcionado y aburrirse, en cambio es recomendable para el que busque un producto creativo e innovador, no una cinta de consumo rápido.


Rodada en un impecable blanco y negro, cuenta con una sencilla pero muy solvente fotografía, uno de los puntos fuertes del film, junto a ese contraste de sonidos y silencios del que hablábamos tan peculiar, y que junto a los juegos de cámara y la experimentación en cuanto a tipos de planos sorprenderá al espectador. La crítica social también está presente, ya que la acción se desarrolla durante una ficticia huelga de estudiantes, reflejo de las huelgas y movimientos sociales tan habituales en México y Latinoamérica en general. Se nos presenta el contraste entre la lucha política y la devastadora desgana del joven que está desencantado con todo en el mundo en el que vive. Nuestros protagonistas se muestran apáticos ante esta huelga ("Estoy de huelga de la huelga", afirma Sombra), pero durante la película veremos cómo va modificándose este sentimiento, paralelamente al avance de su búsqueda de Epigmenio, el rockero desconocido y moribundo.

No desvelaremos como se desarrolla la búsqueda del rockero olvidado, dejamos al espectador que vea el film y saque sus conclusiones, unos se aburrirán, otros la disfrutarán ampliamente, es cuestión de gustos.

"Epigmenio Cruz está chingón. Una vez hizo llorar a Bob Dylan"...

ANTONIO JAVIER REGIDOR PUERTO

miércoles, 27 de mayo de 2015

Crítica de 'NUESTRO ÚLTIMO VERANO EN ESCOCIA' (2014) de Andy Hamilton y Guy Jenkin


El arranque y el cierre debería ser algo a tener muy en cuenta en la construcción del guión. Un comienzo sin garra te puede arruinar una película, simplemente porque el espectador deja de prestar atención, se aburre y se va; aunque esté sujeto a una butaca de cine, algo escaso, hemos perdido lo más valioso: su atención.

El final no debería satisfacer las expectativas de un imaginario gran público, un final es consecuente con todo lo argumentado a golpe de secuencia. Resolver las tramas abiertas de forma acomodada, resta validez a todo lo acontecido. La secuencia final de ‘Nuestro último verano en Escocia’ es un desatino dentro del guión aceptable, con chispas ingeniosas, de esta comedia sin mayores pretensiones que las que se hayan fijado sus dos directores. A saber.

Andy Hamilton y Guy Jenkin son los creadores de la serie de la BBCOutnumbered (2007)’, sobre un matrimonio con tres niños. ‘Nuestro último verano en Escocia’  comparte la misma idea inicial. En el caso de la película el matrimonio se está divorciando, y las premisas sobre el desordenado mundo de los adultos y las precoces conciencias de tres niños estereotipados, niña repelente sabelotodo,  niña imaginativa, sin duda la mejor de la película, y niño obsesionado con la cultura vikinga, que ponen en entredicho una falsa estabilidad familiar. Aprovechando el tirón televisivo deciden colocar a sus personajes en Escocia, con sus estéticos planos aéreos de la bella región,  en toda película que se precie hay que demostrar que se tiene cierto empaque en la producción, de visita para el cumpleaños del abuelo, un, interpretativamente, indiferente Billy Connolly, su otro hijo, don quiero y no puedo, con su depresiva esposa y su hijo con déficit de atención. El desarrollo de los personajes está repleto de arquetipos una y mil veces vistos y exprimidos.




Sin embargo en el desarrollo de la trama principal es donde encontramos el mayor logro de la película. La idea es original e hilarante, las motivaciones de los personajes son creíbles y los tres jóvenes actores  ponen en relieve su gran trabajo, haciendo sombra en muchas ocasiones al reparto con más experiencia. El problema surge cuando, al menos esa es la impresión más poderosa que desprende el film, sus directores y guionistas pretenden dar soluciones fáciles y autocomplacientes. Introducen personajes, la trabajadora social por ejemplo, que más que aportar al desarrollo de la acción, la ridiculiza impregnándolo todo de un halo sainetesco. Comienzan los despropósitos en el guion con un  colofón sonrojante más cercano a un telefilm de muy bajo presupuesto. Ya sabemos que los finales felices no convencen, éste en concreto es un despilfarro de imaginación.

Realización y fotografía  cercanas a los cánones televisivos,  con un reparto simpático, correcto, poco creativo salvo el caso de la niña amante de la geología  que es la única que entiende el sentido primigenio de ‘Nuestro último verano en Escocia’.

Película de consumo rápido y masivo, que con los precios que se gastan las salas, es más adecuado y ajustado  su visionado en el medio televisivo. En suma, comedia de marcada orientación familiar poco apta para fanáticos de Herodes.

JUAN AVELLÁN