miércoles, 15 de diciembre de 2010

BABEL (2.006) de Alejandro González Iñárritu


Con Babel Alejandro González Iñárritu consagra su estilo basado en la deconstrucción del tiempo narrativo. A ello hay que añadir la virtud de un guión regular, el de Guillermo Arriaga; una buena dirección de fotografía, la de Rodrigo Prieto; una excelente banda sonora, la de Santiago Santaolalla; y una no menos valerosa dirección de actores del propio director.

Se acierta a entrelazar cuatro historias distintas, cuatro historias que suceden en cuatro lugares diferentes. Acontecen en Marruecos, Los Ángeles, México y Tokio. Las cuatro están unidas mediante un finísimo encadenamiento de causas y efectos. Un turista Japonés, interpretado magistralmente por Koji Yakusho, regala a Hasam un Winchester, en agradecimiento por su labor de guía. A su vez Hasam se lo vende al padre de Yuseff y Ahmed. Yuseff, de unos 10 años, juega con su hermano Ahmed a disparar a un blanco. Una de las balas impacta en el autobús de turistas que recorre las montañas de Marruecos. Hiere gravemente a Susan, una turista americana, interpretada por la australiana Cate Blanchett. Un helicóptero la traslada al hospital más cercano. Su marido Richard Jones, interpretado por Bradd Pitt, tiene que estar en el Hospital junto a su mujer, y en consecuencia, no puede atender a sus hijos que están en Los Ángeles al cuidado de Amelie, una empleada de hogar mejicana, que interpreta magníficamente Adriana Barraza. Por su parte, Amelie, tenía otros compromisos. Tiene que asistir a la boda de un familiar en Méjico. Se hace cargo de los hijos de Richard y se los lleva a Méjico. Mientras tanto el atentado contra la turista americana cobra trascendencia internacional y se atribuye a un grupo terrorista. Se produce un conflicto diplomático. La policía japonesa sigue la pista del Wínchester. En sus pesquisas el inspector se entrevista con Chieko, la hija de Yashijuro. Chieko, interpretada por Rinko Kikuchi, queda prendada del inspector, y le provoca sexualmente. Él la rechaza y ella sigue sumida en el profundo vacío.


En esta historia entrelazada lo importante no son cada una de esas historias consideradas por separado, que dicho sea de paso, poca profundidad alcanzan, sino, al contrario, el vínculo de unión entre unas y otras, la visión de conjunto, y, sobre todo, la relación existente entre unos y otros acontecimientos. En efecto, todo comienza con un regalo de un antiguo Winchester, y todo termina con un conflicto diplomático de magnitud mundial. Llegamos hasta este punto por un juego constante de malas interpretaciones y una más que evidente falta de entendimiento entre unas culturas con las otras. Se entiende que las causas se concentran en cada acontecimiento, con independencia de su insignificancia. Éstas causas, son, por si solas, los detonantes de una masa de efectos infinitos, donde estos efectos, a su vez representan una fuente nueva de causas. El universo está interrelacionado. Hay una red infinita de hechos que se hace presente en cualquier hecho que se precie. La película expone una aplicación de la teoría del caos. Ante tamaña empresa la historia de cada uno de los cortos que se entrecruzan poco importan. Aunque cada historia es brillante, las historias funcionan en un segundo plano. Pierden su interés. Se ordenan, todas ellas, a mostrarnos la última interrelación de todo con todo. Las historias decaen inexorablemente.


Además hay que tener en cuenta que el tiempo de un largometraje es limitado. Iñárruti lo sabe. Más o menos unas dos horas o dos horas y media. Esto que parece un extremo banal nos va a dar una de las claves fundamentales de la película. Un largometraje tiene el tiempo suficiente para profundizar con solvencia en una sola historia. Una sola. Hay tiempo para desmenuzar los sentimientos, las razones, así como para formar un nudo y desembocar su desenlace. Sin embargo si en vez de hablar de una sola historia hablamos de cuatro, éstas historias, pierden, por falta de tiempo, su densidad y su profundidad. Las cosas se tendrían que contar más deprisa y habría que recurrir a la técnica de la elipsis narrativa. No se puede explicar en 5 minutos algo que, para explicarlo bien, se necesitan 30. El tiempo está así íntimamente relacionado con la densidad, la profundidad y la verdad de lo que se quiere transmitir. El propio mensaje, su significado incluso, está afectado por este tiempo que empleamos para mostrar algo. Dar las gracias, por ejemplo, con una palabra no significa lo mismo que dar las mismas gracias con una paráfrasis de 20 minutos. Una y otra cosa le llega a uno al corazón de manera diferente. Con una palabra nos parece bien, pero con un discurso emotivo de 20 minutos nos emocionamos. El largo no soporta cuatro historias de 30 minutos sin que ello funcione en detrimento de lo que se sacaría a relucir con una historia de 2 horas. El director no puede profundizar en el mundo de los sentimientos. La película por ello adolece de una cierta superficialidad que por otro lado es un efecto ineludible. La idea, abstracta, prevalece sobre las historias concreta. Se produce un eclipse.


El director consciente de esta carencia ha tratado de soslayarla mediante la dilatación de ciertas escenas y mediante la fuerte impresión visual de otras tantas. Así, se ha valido de actores expresivos y con fuerte personalidad, que han dejado una honda huella en la memoria de los espectadores. La contundencia de Brad Pitt, el aplomo de Koji Yakusho, o el desparpajo inusitado de Gael García Bernal son buena muestra de ello. Otras escenas desvelan el profundo vacío de algunos personajes, su profunda soledad, su terrible necesidad de ser amado, como aquella en la que vemos a Chieko, la muchacha sordomuda, que se entrega desnuda, así, sin más, de repente, sin mediar palabra, a los brazos del inspector de policía. O aquella otra escena en la que vemos como Amelia, la cuidadora de los hijos de Richard, anda desolada y perdida, en medio del desierto, con un traje y una chal rojo, y con su rostro empapado de sudor. En contrapartida a tan hondas secuencias, hay otras tantas que pecan de ser demasiado largas, hasta el punto que rayan el tedio. Así sucede por ejemplo con la escena de la boda mejicana o la de los muchachos japoneses en la discoteca. El ritmo languidece en estos puntos. Y la prolongación de estas escenas no solo es innecesaria a todas luces sino que tampoco tienen nada que aportar al desarrollo narrativo de la trama. Sin ellas o con ellas reducidas comprenderíamos el film de igual manera.

La banda sonora de Gustavo Santaolalla es deslumbrante en todos los sentidos. Los temas, los instrumentos utilizados han sido elegidos con mucho tiento. Se ha cuidado el ajuste entre la música y las historias que se nos cuenta. Lo que evoca la música corre parejo a lo que narra la historia, o más aún, le confiere una mayor densidad de significado y sentido. Hay por otro lado claras relaciones entre la banda sonora de Babel y la del resto de la trilogía, Amores perros (2.000) y 21 gramos (2.003). Los instrumentos usados, los acordes, las melodías interpretadas, en unas y otras películas guardan una relación de semejanza. Por momentos parece que son las mismas.


La dirección de fotografía corre a cargo del mejicano Rodrigo Prieto. Su factura es sencillamente excelente. Los encuadres, las tomas, o las perspectivas son hermosas. Los paisajes de Marruecos asombran por su belleza austera y contrastan tanto con la estética luminosa y urbana de las tomas de Tokio como con la estética festiva y local de Méjico. Este contraste cobra más relevancia si cabe gracias a la técnica narrativa de las historias entrelazadas, muy utilizada en las series de televisión. Tan pronto vemos imágenes de la ciudad de Tokio, como vemos imágenes de Méjico o de los asentamientos en Marruecos. Quizá la única pega sea la inserción de algunas imágenes gratuitas, ajenas al relato, que tienen sólo una función meramente metafórica o un alcance meramente estético. Personalmente soy partidario de eliminar todo aquello que se distraiga de la trama principal.

En resumidas cuentas Babel es una buena película, interesante desde el punto de vista técnico y un poco menos en lo que se refiere a las historias concretas que se nos narra. Reconozco el esfuerzo de Alejandro González Iñárritu. Ha dirigido tanto a actores consagrados como a otros que ni siquiera son actores, cada uno con su idioma, unos japoneses, otros marroquíes, otros americanos y otros que se entienden con el idioma de signos. Por si esto fuera poco, los actores son de diferentes tramos de edad y de diferentes generaciones. Babel es una empresa de gran envergadura de la que el director ha salido airoso porque, dentro de ese caos, -el que él mismo convoca-, ha sabido componer un orden inusitado, y meritorio. Como corolario a este artículo, quiero terminar con una cita de Martin Luther King que viene muy al pelo del asunto que aquí tratamos. Creo que resume muy bien la última lectura de Babel, y su mirada crítica. Su tenor textual es el siguiente:
Con frecuencia, los hombres se odian unos a otros porque se tienen miedo; tienen miedo porque no se conocen; no se conocen porque no se pueden comunicar; no se pueden comunicar porque están separados.

ANTONIO MARTÍN DE LAS MULAS

17 comentarios:

Anónimo dijo...

A mí esta película me parece un truño. No soy megafan de este director, ha ido explotando la idea de las historias paralelas hasta la saciedad, aunque me encanta "Amores perros". "Biutiful" sólo se centra en la historia de Bardem, según tengo entendido. Por lo que en teoría me gustará más.
EDU

Anto dijo...

Es una manera fácil de hacer un largo. Ideal para un director que está empezando. Lo que pasa que lo ha convertido en su marca de estilo.

Anónimo dijo...

¡Felicidades por el Blog!..., pero 2006 es una fecha, y 2.006 es una cantidad. Un gran saludo.

Lo que Coppola quiera dijo...

Gracias señor anónimo. Interesante matiz el que usted aduce. No obstante discrepo respetuosamente de su criterio. Los números son números con total independencia de aquello que enumeren. Poco importa que enumeremos cuentas de un rosario, garbanzos, pesetas o años después del nacimiento de cristo. El punto debe estar en las unidades de millar con el fin de separar los grupos de tres cifras. Así se consigna en nuestro sistema numérico decimal. Cosa distinta es cuando hablamos de códigos numéricos, o, en general, de números que no enumeran cosas. En este último caso entiendo que no procede la separación por grupos de tres cifras. En cualquier caso basta echarle un vistazo a los libros de prehistoria para ver como expresan los años antes de cristo cuando hablamos de miles y miles de años. Vemos cosas como 1.000.000 de años antes de cristo y no 1000000. Saludos mil.

Carlitos way dijo...

La verdad es que discrepo totalmente con tu critica , ya que de las 3primeras películas de este director, todavía no he visto la de Bardem ,que la veo con Eduardo Muñoz este sábado ;esta es la que tiene una narración espacio -tiempo perfecta , controlando los tiempos entre secuencia y secuencia para que el expectador asinmile el sufrimiento de cada secuencia, esto lo hacia bylly Wilder con sus comedias, es la perfección de narrativa televisiva llevado a su estado de gracia con unas interpretaciones creíbles y con una tensión que produce al espectador poco inusual en el cine de hoy .gracias

Anónimo dijo...

No sólo de sufrimiento machacón se hace una película. En un segundo visionado no hay quien la aguante.
EDU

Anto dijo...

Gracias a ti Carlitos. Agradezco el interés mostrado. Convengo parcialmente contigo en lo que se refiere a la gran habilidad del director para entrecruzar las historias, pero ello no quita el defecto en que incurre a la hora de articular algunos pasajes que a mi juicio son demasiado largos: como por ejemplo la escena de la discoteca en Tokio o la escena de la boda en México. Como bien dices la tensión dramática que alcanza con la técnica de la deconstrucción narrativa de la trama es más que loable. No es casual entonces que Babel haya obtenido, en la escena mundial, los más ansiados galardones. A mí personalmente me gusta, mucho, el cine de Iñárritu. Está lleno de riqueza lo mires por donde lo mires. Sus películas dan lugar a múltiples lecturas y están plagadas por doquier de resonancias culturales. La la escena de la japonesa, Chieko, cuando sale desnuda, me recuerda sobremanera a aquella foto de la niña desnuda en la guerra del Vietnan. http://bp2.blogger.com/_s7l79RQR08U/Rz5DTlwkprI/AAAAAAAAAYY/wyitYiM2U_c/s1600-h/Nick+Ut.jpg
El problema de las guerras es también un problema de falta de comunicación y entendimiento entre las culturas. De esta manera Iñárritu también hace un diálogo histórico. El rifle en cuestión es un Winchester por que es el mismo del que hemos oido hablar tantas y tantas veces en las películas del oeste. El Winchester lleva así de esta manera todas las causas anteriores de su inmemoriable pasado. Saludos.

Anónimo dijo...

No se puede expresar mejor. Chapeau, Antonio.
EDU

Anónimo dijo...

Gracias Edu. Abrazos. Anto.

Carlitos way dijo...

La escena de la discoteca muestra muy bien el efecto del alcohol y las drogas y el estado de la chica se denota un hundimiento moral y físico incrementado por dicha sustancia , la amiga consigue "enrollarse" con un chico mientras ella se desmoraliza aun mas por no ser querida o amada lo cual propicia ese desnudo ante el policia , toda esa noche influye en lo que acontinuacion pasa , la secuencia para mi es absolutamente ensencial en cuanto espacio - tiempo . Y tengo que decir sobre la secuencia de la boda que hay si estoy contigo , ninguna boda será como la del el Padrino ,por cierto edu no hace falta que le hagas la pelota a tu colega , Miguel Angel y yo te recomendamos un 3visionado, jejeje,gracias

Anónimo dijo...

No le hago la pelota a nadie, y menos a vosotros, CAPULLOS.
EDU

Jordell dijo...

Babel la vi en un autobús de Perú, mientras recorría el espacio entre Ica y Lima. Me dejó impresionado su forma de combinar el cine tal como lo entendemos los profanos con el documental. Me quedo con esa escena de los niños marroquíes gritándole al viento mientras éste mueve sus chilabas apresuradamente. Magnífico.

Anto dijo...

Yo me quedo con la escena del puesto fronterizo. Ese tensión que se produce en los diálogos y la manera en que una situación que parece controlada, finalmente se desborda. La tensión pende de un hilo. Un hilo demasiado fino... Magnífico también.

Anto dijo...

Y también me quedo con la escena final. El del desnudo de la muchacha japonesa. Terrible, descorazonador.

Eduardo M. dijo...

Rectifico. La he vuelto a revisar y me ha parecido magistral. Iñarritu es la hostia.

Antonio Martín de las Mulas dijo...

A mí este hombre me encanta. A ver cuando nos deleita con su próximo filme.

Anónimo dijo...

Ciertamente Babel tiene escenas "lentas" pero es un largo intenso que muestra el mundo implicado del cual poca conciencia tenemos, la pareja que no alcanza ver a los otros, los más olvidados del planeta.... Esta cinta la vi en Bolivia y más menos, guardadndo las distancias, Marruecos era un paisaje altiplanico social y geográficamente hablando..... La vida vacía, la inocencia, la ignorancia, la marca cultural abigarradamente expresadas y magistralmente mostradas por el equipo de Iñarritu.

etziria, estos blogs "amor de un rato".....