martes, 26 de abril de 2011

EL ÚLTIMO BAILARÍN DE MAO (MAO LAST DANCER, 2.009) de Bruce Beresford


El australiano Bruces Beresford ha filmado una película estupenda. "El último bailarín de Mao" no sólo es una película que entretiene sino que, más aún, emociona. Desfascinados como estamos por la abulia y la basura cinematográfica que nos bombardea a diario en nuestros pobres cines, "El último bailarín de Mao" se presenta como un film diferente que apuesta por historias con algo más de alma. La humanidad, el amor y la política son las notas fundamentales que toca el director con armonía. He aquí la historia de un hombre que lucha por ser libre. Un hombre que dimana en un contexto donde cobran protagonismo su entramado social, su zozobra interior y su horizonte amoroso. Porque un día Li Cunchín, un destacado bailarín de la China Maoista decidió tomar las riendas de su propia vida, congujarse a sí mísmo en primera persona, decir "yo soy", y enfrentar el embate que le presenta su gobierno. Li Cunchín viajó a Texas como consecuencia de un programa de intercambio de bailarines con las autoridades chinas. Durante su breve estancia conoce a una chica y se enamora. Cuando espira el plazo decide quedarse en los Estados Unidos y de esta forma no sólo contraviene la decisión del partido de traerlo de vuelta sino que, para más inri, provoca un conflicto diplomático y mediático de cierta intensidad. Una decisión que le salió bien cara pero que representa el precio y el sabor de la libertad.


La factura del filme está lograda aunque no obstante incurre en actos de desdoro. Se echa algo de menos el desarrollo natural de las escenas y de los conflictos humanos. Los actores bosquejan sus pesares con demasiada rigidez. Los trances sentimentales son más bien esquemáticos. En dos o tres trazas se da por suficente. A mi juicio falta más tiempo para desarrollar y profundizar en las relaciones sentimentales que conforman la textura narrativa. Además, la emoción que consigue transmitir, sobre todo en las escenas finales, es una emoción como enlatada, artificial, reconstruida. Es como si el director hubiera decidido emocionarnos y para ello utilizara las técnicas de siempre. El problema no es que se valga de estas técnicas, lo cual es muy legítimo. El problema es que el espectador percibe el uso de esas técnicas y a fuerza de resultar tan evidentes se desbarata la naturalidad y la espontaneidad del devenir del filme. Vemos al bailarín Li Cunchín que después de mucho tiempo se reencuentra con sus padres, con su antiguo profesor de danza, y con la ciudad que le vio nacer. Son reencuentros muy repentinos que se saldan en un par de minutos. Los reencuentros siempre fueron el prisma capital de la emoción. ¿Cuántos programas de televisión han hecho el agosto filmando reencuentros y reconciliaciones sentimentales?. Nos gusta emocionarnos y por eso el director Bruce Beresford nos somete al influjo del reencuentro y la reconciliación final. La trama se despliega en un orden circular.

Otra llamada de atención ha de hacerse sobre el tema concreto que se trata y las soluciones que, dentro de la lógica del drama, nos propone el director. Las soluciones son un tanto previsibles. Y hay una sensación de haber visto la película mil veces. El tema de la libertad y los derechos individuales está ya muy trillado. El tema de la lucha por un amor eterno lo hemos visto en cientos de comedias románticas. Y el tema de una historia de superación personal se da aquí sin distinción de otras tantas películas que han abordado estas temáticas y han abierto una senda ineludible en la historia del cine moderno. Quizá lo más encomiable de la película es el tratamiento de todos estos temas con un entrelazamiento bien trabado.


"El último bailarín de Mao" nos emociona y esta emoción es, al mismo tiempo, su virtud y su defecto. Una extraña mezcla que no solemos ver en estos días. Pero que no obstante podemos tolerar mínimamente. Sobre todo a la vista del inmenso arsenal de cintas basura que nos llega del otro lado del atlántico.

ANTONIO MARTÍN DE LAS MULAS

5 comentarios:

Diego Fernández dijo...

La apunto en mi lista de "ver en un futuro próximo". La desconocia por completo y has hecho una descripción que dan ganas de verla.

Un saludo desde "El hombre de cristal"!

Lo que Coppola quiera dijo...

"Arrasa". Así de contundente se manifestó el chico de la taquilla cuando el pregunté. Estoy seguro de que te gustará. Gracias por el interés mostrado. Un saludo Diego.

Lo que Coppola quiera dijo...

Si eres de Madrid la puedes ver en el cine Luchana.

Eduardo Muñoz dijo...

Habemus crítica, ya se te echaba de menos ;-)

Lo que Coppola quiera dijo...

Gracias Edu. He vuelto... Abrazos.