domingo, 29 de mayo de 2011

MIDNIGHT IN PARÍS (2.011) de Woody Allen.


Con esta buena nueva de Woody Allen, Woody Allen vuelve a ser Woody Allen. Imaginativa, cómica, leve, ingeniosa, encantadora, ideal para mantener una sonrisa durante largo tiempo, aunque observa el defecto de seguir el mismo patrón que en todas sus películas. Nos encontramos con los mismos papeles, los mismos personajes, el mismo sentido del humor, el mismo tipo de historia. Asistimos a los lugares comunes de su filmografía.

Como en tantas otras, el protagonista pertenece al mundillo de los intelectuales o los artistas. En este caso el papel principal lo representa un escritor estadounidense que interpreta fantásticamente Owen Wilson. Un escritor muy majete que anda por las calles de París buscando algo de inspiración. Un escritor que es uno más, uno como tantos otros escritores de esos que salen en sus películas; como todos, raros, desaliñados, medio desparejados, extravagantes, y algo estridentes.


Como en tantas otras aquí también el argumento se desenvuelven sobre el trasfondo de la refinación artística. Vemos libros, y cuadros, y música, y cine, y esculturas; vemos intelectuales, artistas, edificios de bella arquitectura, vemos ciudades emblemáticas. En sus películas confluyen todos las formas del arte. Comparte la refinación de la alta cultura. Y sobre este tapiz se desarrolla la historia de un tipo que tiene que componérselas con su falta de inspiración, con una relación de pareja que está dando sus últimos coletazos, con sus tonteos, con sus escarceos, y con los propios misterios del azar. 


En el juego de unos y otros y en el juego de unas y otras a menudo en sus filmes trasciende la vida cotidiana. El protagonista viaja al pasado, a los años gloriosos en que París constituía ese punto neurálgico donde bullía el arte en estado puro. Conoce a sus admirados artistas. Aparece en escena Pablo Picasso, Salvador Dalí, Luis Buñuel, Tolousse-Lautrec, Henri Mattise, Ernest Heminway, Scott Fitzgerald…Ellos son reales, el viaje en el tiempo es real, todo es real. Pero el protagonista no viaja solo al París de los años 50 y al de los años 20. El espectador va con él, le acompaña con una emoción pareja y precisamente lo interesante del filme es asistir a la vida cotidiana de tan renombradas personalidades. Nos satisface descubrir cómo son y qué hacen, qué emociones les embargan, más allá de toda esa suerte de elucubraciones y desvaríos que recogen nuestros libros de historia.


Aunque dentro de la filmografía de Allen la película es una perlita, no deja de ser más de lo mismo. Parece que Woody Allen no acaba de salirse de su pauta marcada. No rompe moldes. No asume riesgos. No se detiene en otras formas distintas de hacer cine.  

ANTONIO MARTÍN DE LAS MULAS

7 comentarios:

Carlitos way dijo...

Tiene buena pinta esta peli ya que el tema de viajar al pasado , en forma de comedia nostálgica ,me parece una idea, que aunque muy trillada,es siempre efectiva en el cine.

Lo que Coppola quiera dijo...

Pues sí. Así es. La película es encantadora. Es fácil de ver, te va llevando, es leve. Pasarás un buen rato.

Eduardo Muñoz dijo...

La forma de "viajar al pasado" que plantea Woody Allen en esta película no tiene nada que ver con lo visto anteriormente. Tiene que ver más bien con la evasión de la vida cotidiana, de la realidad que detestamos. Este film es la inversa de "La rosa púrpura de El Cairo" y, como tal, un prodigio de obra fílmica en la que W. Allen retorna a su territorio de obras maestras.

Lo que Coppola quiera dijo...

Yo creo que sí. Coquetea siempre con el más allá y con otras dimensiones del espacio y del tiempo. En Scoop, por ejemplo, en Match Point, en La rosa púrpura del Cairo, en Poderosa Afrodita, etc... siempre vemos como el más allá intercede en nuestro mundo. Cada una a su modo claro. La evasión de la vida es sólo un rasgo de carácter, un rasgo psicológico del protagonista; mientras que el viaje en el tiempo no es nada psicológico: es real, sucede. Tiene algo de inversa con la de la rosa.... En aquella un personaje del mundo de ficción se integra en nuestro mundo y en esta una persona real se integra en un mundo del pasado que también es real. Es como si representara las teorias de Einstein sobre el viaje en el tiempo. A mí la que más me gusta de Woody Allen es Anny Hall. Esta me parece secundaria pero ingeniosa. Algo muy digno de ver. Abrazos. Anto.

E. Muñoz dijo...

La dicotomía realidad-ficción es un tema evidentemente alleniano. Rara es la película que no lo analiza siquiera superficialmente. Pero en esta película es tratado de forma distinta. Quizás sea su película más original desde "Desmontando a Harry".

Anónimo dijo...

No tenemos nada de Kubrick, tronco. Es un delito. Estoy preparando una crítica sobre su Odisea. Pero es una locura: ¡hay tanto que contar!. A ver si puedo hacer una síntesis estupenda. Abrazos. Anto

E. Muñoz dijo...

Hay muchísimo que contar, incluso para hacer más de una crítica, pero estoy convencido que te quedará estupenda. Abrazos.