martes, 26 de julio de 2011

LA PIEL DURA (L' ARGENT DE POCHE, 1976) de François Truffaut



La piel dura constituye una mirada tierna, divertida, agradable y en ocasiones melancólica a la infancia por parte de Truffaut. También es un homenaje y una defensa de la misma.
Nos encontramos ante un film de carácter episódico, cuya estructura recuerda a la de películas como Amarcord (1973, Federico Fellini) y Días de radio (1987, Woody Allen), que carecen de argumento en el sentido clásico del término. No hallaremos en él, pues, una historia puramente lineal con introducción, nudo y desenlace, sino una película coral donde todos los personajes que constituyen el conjunto son protagonistas de la misma. Cada uno de ellos tiene su momento, su episodio, sin prevalecer sobre el resto. Con ello Truffaut realiza una panorámica hacia la naturaleza básica de la infancia, con todo lo que implica: travesuras, primeros amores (con su consecuente entrada en la adolescencia), primeras decepciones ante la vida, etc.


Truffaut parece construir una cinta a través de recuerdos propios y reflexiones ante lo que él considera que es lo fundamental en esa primera etapa vital. El tono general del film es vital, optimista, nada que ver con su ópera prima Los cuatrocientos golpes (1959), donde los adultos que en ella aparecían eran firmes, severos, duros con la infancia. En La piel dura los adultos parecen cómplices de los infantes, los respetan, los cuidan, tienen sumo cuidado con su educación (recordemos al respecto el personaje del profesor y su monólogo final). El único guiño al universo de Los cuatrocientos golpes se produce en el personaje de Julien, el niño pobre que es maltratado por su madre.
No es esta una cinta en la que hallemos grandes planos ni una gran técnica. Eso sí, rebosa vida por los cuatro costados, a la par que sentimiento. Las vivencias de estos muchachos nos resultarán agradables, entrañables, amenas, divertidas y melancólicas. Y seguramente nos sentiremos identificados con muchas de las situaciones: ¿Quién no ha deseado alguna vez espiar a la vecina mientras se desnuda con unos prismáticos? ¿Quién no ha deseado entrar al cine a escondidas para ver la película y así ahorrarse la entrada? ¿Quién no ha soltado alguna gracia en el colegio para que el resto de compañeros se rieran a carcajada limpia? ¿Quién no se emocionó con el primer amor y pensaba que le iba la vida en ello?...


La piel dura es la libre traducción española del título original: L'argent de poche, que literalmente significa el dinero de bolsillo, o más bien la “calderilla” con la que estos muchachos pueden ir al cine o comprarse golosinas. Seguramente en España se tradujo así por la similitud en el título con otro film célebre del cineasta francés, La piel suave (1964), que nada tiene que ver temáticamente con éste. No obstante, también encaja con el espíritu de la cinta, ya que en ella se alude varias veces a la expresión “tener la piel dura” para hacer alusión a que los niños son de goma y están hechos de otra pasta. “Se chocan contra todo, contra la vida, pero lo hacen sin lastimarse. Y encima tienen la piel dura…
Los niños tienen su propia esencia, parece decirnos Truffaut, y por eso hay que respetarles y defenderles. En definitiva hay que entenderles. La educación debe ser consecuente con ello. Por eso mismo, los chicos no deben ser educados a golpes, aunque cometan diabluras. Pero por muchas injusticias que se cometan contra ellos, los niños siempre se repondrán. Tienen toda la vida por delante para recuperarse. Tienen la piel dura y ganas de interactuar con lo que les rodea, ganas de vivir. Éste es el bello mensaje que nos trae Truffaut con este film.
EDUARDO M. MUÑOZ

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