lunes, 11 de enero de 2016

Crítica de 'CREED. LA LEYENDA DE ROCKY' (2015) de Ryan Coogler


Yo  creía en ti, hijo de Apollo Creed.

Apollo Creed es uno de mis ídolos. Iván Drago también. Rocky Balboa, ¿pues es Rocky, no? Clap, clap, clap por él. Pero en la saga, importantísima dentro de la cultura pop, estos personajes fueron los que captaron mi atención y mi corazón. Vaya, hasta en una visita a Filadelfia, después de recorrer los maravillosos pasillos y deleitarme el alma con las obras que guarda el recinto, entendí que tenía la obligación de recrear la famosa escena de subir y bajar corriendo las escaleras y luego tomarme la foto junto a la estatua de Rocky Balboa (no me juzguen pero era necesario).

No sabía de la existencia de “Creed” hasta que proyectaron el tráiler y dije: “¡No, no, no, no, no puede ser, qué emoción!”. Así que esperé pacientemente hasta que llegó el momento de poder verla. Ni siquiera preparé frituras o alguna bebida para acompañar el momento: todos mis sentidos tenían que estar en “Creed”. Desde mi punto de vista y como una opinión muy personal, para mí no hay películas buenas ni malas (porque no tengo los conocimientos técnicos necesarios para poder analizar encuadres, luz, cuadros) aunque sí soy una cinéfila desde prácticamente que estaba en la estómago de mi madre. Y “Creed” no me agradó en lo absoluto. Es más, me decepcionó tanto que me dormí de ver tanto cliché.



Procederé a contar por qué.  El inicio es un verdadero desbarajuste y ahí comienza la confusión: Un  niño es recluido en un reformatorio por armar trifulcas, llega una elegante señora y le pregunta si se quiere ir a vivir con él. Es la esposa de Apollo Creed. Y de ahí vemos el desarrollo de un guión elaborado, tal vez, para complacer a los fans. El protagonista, Adonis Johnson -acepta el nombre de la amable viuda que lo adoptó- siente que le hierve la sangre por boxear pero trata de ser complaciente con su familia e intenta un trabajo de 9 a 5. Es imposible. Desea seguir los pasos de su padre y de ser posible, recuperar el título de campeón que su papá consiguió en 1979 antes de caer en el ring bajo los puños de Iván Drago.

Su “madre” lo apoya y se traslada a Filadelfia para buscar un mentor -¿quién mejor que Rocky Balboa?- y así ser digno hijo de su padre. Aunque en un principio el buen Rocky se niega porque considera que el tiempo ya pasó, su corazón se derrite y acepta ser su “coach” advirtiéndole que su talento es sólo un pequeño detalle sino que requiere mucho esfuerzo y dedicación -como verán, la historia inspiradora de siempre y sin novedad-.



Por supuesto, Adonis conoce a una chica que se vuelve su Adrien, perdón, su musa inspiradora y apoyo para conseguir lo que se propone. Después vienen los combates en el ring, las lecciones de vida y  ya, nada más. ¿Leyeron algo nuevo? No. La gran maravilla del cine es que puedes contar la misma historia mil veces pero la manera en que la relatas es donde radica la verdadera magia. “Creed” creo que falló  en todos los aspectos menos en los de la nostalgia y en mostrar que Stallone aún tiene fuerzas y el rostro aún no se le desfigura después de tanta cirugía.

Michael B.Jordan- aprovechando su mediano éxito como La Antorcha Humana en “Los 4 Fantásticos” interpreta a un personaje plano y sin gracia, incluso hasta enervante la mayoría del tiempo. Stallone interpreta al mismo Stallone de siempre y el interés amoroso de Adonis, pues, es una cantante que se la pasa sonriendo y ya. Los combates en el ring no tuvieron tanto impacto visual como sus predecesoras, en las que sentías cada golpe sobre tu piel. En fin, mejor veánla y formen su opinión. Lo único que les puedo garantizar es la caricia a la nostalgia.

MARÍA DEL MAR BOETA MADERA- Colaboradora de la Revista Digital Gaio Ninja
www.gaio.ninja

1 comentario:

Juanti Briceño dijo...

No parece que tenga la misma emoción visceral que "Rocky" o el final de "Rocky Balboa". Y como a mí me viene valiendo también los encuadres, los trasfondos y demás cuestiones técnicas (reconozco que soy cinéfilo de disfrutar la película y no de cómo está hecha), pienso que los ciento y tantos minutos que estaré en la butaca nadie me los devolverá. Por la nostalgia, prefiero sintonizar Space un sábado en la tarde y ver todas las rockyaventuras de Sly Stallone.