martes, 29 de enero de 2013

Crítica de 'CRIMEN Y CASTIGO' (1983) de Aki Kaurismäki



Aki Kaurismäki arriesgó en su primer trabajo para el cine realizando una adaptación libre de una de las obras cumbres de  la literatura universal, Crimen y castigo de Fiodor Dostoievski, experimento que ya realizara en su momento aunque no de forma explícita Robert Bresson en Pickpocket (1959), film de destacado estilo sobrio cuya influencia se aprecia en la película de Kaurismäki.

Las características del cine de Kaurismäki ya se hallan en su ópera prima: El predominio de silencios y economía en los diálogos, los rostros hieráticos de los personajes, el reflejo del costumbrismo de su país, un clima melancólico no exento de ironía que refleja las miserias de la clase humilde y un singular uso de la música. Estos ingredientes, la esencia propia de Kaurismäki, vienen como anillo al dedo para transmitir el espíritu de la obra de Dostoievski, adaptándola al Helsinki de 1983.


Dicho espíritu queda condensado en los 93 minutos del film, algo que hubiera resultado muy complicado para cualquier cineasta experimentado dada la complejidad de la novela de Dostoievski, por lo que tiene mucho más mérito en la figura de un director novel. Kaurismäki acierta en la elección de los pasajes fundamentales de la obra del literato ruso. Esta es la gran virtud de la cinta para nosotros y lo que le confiere su peso en oro.

El discurso empleado, sin embargo, resulta distante. Los personajes gozan de una buena construcción narrativa pero no llegamos a identificarnos con ellos al mismo nivel del Crimen y castigo literario. El sentimiento de culpa no resulta tan patente como en la novela del escritor ruso. Kaurismäki prefiere jugar a  no ser claro respecto a los motivos que llevan al protagonista a cometer el crimen sin que por ello, no obstante, los espectadores perdamos el más mínimo interés por lo que sucede en la pantalla.


Pero la falta de calidez que caracteriza el relato no minimiza ni un ápice la primera obra de uno de los cineastas más importantes del reciente cine europeo. Desde la excelente secuencia inicial, en la que a modo de metáfora asistimos al asesinato de una cucaracha con un hacha en un matadero, presagio de lo que ocurrirá poco después, Kaurismäki construye una obra fiel al espíritu de Dostoievski, al mismo tiempo que asistimos a la creación del universo personal de un artista que entró por derecho propio en el Olimpo del cine de autor.

EDUARDO M. MUÑOZ                                            

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