jueves, 24 de noviembre de 2011

HEAT (1995) de Michael Mann


El esquema de Heat a grandes líneas lo hemos visto en el cine una y mil veces. Su formato parece no ofrecer nada nuevo. La historia de un gran atraco, ya sea en una joyería, en un hipódromo o en un banco como es el caso, se halla alojada en algunas de las mejores películas de cine negro, como La jungla de asfalto (1950, John Huston), Rififi (1955, Jules Dassin) o Atraco perfecto (1956, Stanley Kubrick). El realismo con el que están confeccionados los personajes en Heat es directamente deudor de las grandes obras de cine negro. El film de Michael Mann pretende ser una revitalización claramente de dicho género pero amoldado a los espectadores de las nuevas generaciones. Siendo así, ¿qué la convierte en una cinta tan especial? Vayamos por partes.

Una de las características propias a recordar de Heat es el paisaje moral que plantea y el excelente tratamiento con el que están construidos los personajes. En torno a los dos centrales, el detective Vincent (Al Pacino) y el ladrón Neil (Robert De Niro), se despliega un formidable elenco de personajes secundarios con sus respectivas subtramas, cada uno de ellos vinculado a uno de estos dos roles principales. No existe un solo personaje que no se encuentre perfectamente desarrollado y encajado en el relato. Cada uno cumple su función dentro del magnífico guión (autoría del propio director) siendo los espectadores testigos del espectáculo de sus miserias y dramas personales.


Estamos acostumbrados a ver dentro del cine negro clásico el realismo en  los personajes, donde nunca son tratados como héroes sino que más bien están rodeados de un hálito de fatalidad que es lo que mejor caracteriza su universo. Desde este punto de vista son personajes perdedores imbuidos por una especie de romanticismo. Lo dicho también lo podemos apreciar en el film de Mann, al igual que otros ingredientes propios del género como la amistad, la traición o el amor. A lo que no estamos tan acostumbrados es a observar una similitud tan enorme entre las personalidades y modos de obrar de los que se suponen que deben ser los buenos y quienes llevan la etiqueta de malos. Así, la soledad que rodea a Neil es correspondida por la incomunicación entre Vincent y su esposa, quien está harta de que éste anteponga el trabajo a su vida en pareja. Tanto Neil como Vincent son tipos que no trabajan para vivir, sino que viven para trabajar. El trabajo absorbe las vidas de ambos y esto hace que no puedan ser personas con una vida normal. No pueden escapar de su esencia, son lo que hacen, no saben ser otra cosa, son lo que van persiguiendo, en palabras de Vincent.

No hay desigualdades morales en el mundo que nos presenta Michael Mann. No hay buenos ni malos. Estos tipos no están cortados por los patrones arquetípicos de las películas policíacas contemporáneas. No son perfectos. Son personas con problemas reales, incapaces de hacer una cosa aparentemente tan común como llevar una vida normal. No son capaces de alcanzarlo. En la magnífica secuencia del encuentro en la cafetería, de la que siempre se ha dicho que Robert De Niro y Al Pacino no coincidieron en el rodaje, cuestión que pongo en duda, ambos personajes están descritos como si fueran la misma persona. Son dos caras de la misma moneda. Vincent comenta que su vida “es una zona de desastre”, de la misma forma que Neil le pregunta retóricamente qué es eso de una vida normal: “¿asados al aire libre y béisbol?”. La persecución final es una alegoría en la que queda claramente reflejada que Neil y Vincent se están enfrentando a ellos mismos, uno huyendo de su propio ser y el otro persiguiéndose a sí mismo.


El hecho de que los personajes de Heat estén construidos dentro de la premisa más realista que se pueda pensar se aprecia incluso en el excelente uso del montaje. Éste no puede estar confeccionado de otra forma que paralelamente, donde en no pocas ocasiones podemos observar simétricamente los momentos vividos por unos y por otros, con situaciones similares en la forma. La relación con las mujeres es quizás lo más significativo al respecto, con un paralelismo asombroso que el espectador más audaz enseguida advertirá, donde la frase proferida por la mujer de Vincent (Diane Venora) podría haberla enunciado cualquier personaje femenino de la cinta, tanto la pareja de Neil (Amy Brenneman) como la del personaje interpretado por Val Kilmer (Ashley Judd), quien también vislumbra que su vida marital se va al desastre: “Tú no vives conmigo. Vives entre los restos de los muertos”.

Tenemos por tanto en Heat a un director capaz de crear en torno a un thriller un relato de una complejidad moral sublime, nada común en este tipo de cintas. Quizá Heat no hará por ello las delicias de quienes esperan una película de trepidante acción protagonizada por los tipos más duros del cine. De hecho, sólo hay una gran secuencia de acción en toda la película, el momento del atraco y posterior tiroteo en las calles de Los Ángeles (eso sí, vibrante y técnicamente impecable, aunque nos resulte algo injusto que esta joya del cine policíaco sea recordada por muchos únicamente por dicho momento). El resto es una película inteligente, bien construida, con formato del juego del gato y el ratón (que Mann ha repetido con menor fortuna en Enemigos públicos [2009]), de ritmo endiabladamente audaz y de una formidable realización.


La excelente banda sonora de Elliot Goldenthal aporta con sus magníficos acordes un tono nostálgico y poético a lo que está sucediendo en la pantalla, donde podemos disfrutar de un duelo interpretativo sin paliativos de dos gigantes del cine. Los cuales, por cierto, gozan en el film de más planos con mirada melancólica que la usual de tipo duro. Todo ello enmarcado en una ciudad, Los Ángeles, con una belleza a medio camino entre lo desolador y lo romántico. Un paisaje urbano que más bien parece un monumento a la soledad.

EDUARDO M. MUÑOZ

2 comentarios:

Carlitos way dijo...

Una de las cosas mas significativas es que no pesar de que se trate solo de una película de acción , evidencia aparte por su montaje vertiginoso y concienzudo se puede enmarcar perfectamente , y preferentemente en un señor dramón donde cada uno de los personajes prefieren el amor a su trabajo antes que dar tiempo a su vida familiar, Esto no es una cosa aislada ni fuera de lo común en nuestro tiempo ya que muchas familias se sumergen en el trabajo para suplir sus carencias familiares , disputas etc.. Da la casualidad que ayer la vi sin saber de esta critica y note un futuro nada esperanzador en cada una de sus vidas de cada uno de los personajes, y poniendo hincapié , de sobremanera que aunque digas que es una película que hereda de otros film antiguos , este es un film que se aleja de todo convencionalismo clasico con respeto a su guión dejando al margen toda escena de acción por el interiorismo moral de sus personajes. Atencion especial al uso del sonido( efectos ) desde la primera secuencia y a la ausencia de banda sonora en determinadas secuencias que le dan una sobriedad con tan solo unas imágenes. Me quedo cuando de niro entra en el túnel , sobreexpuesto de luz y sus ojos y rostro evidencian multitud de registros en solo un minuto.

LUIS ALFONSO REBOLLO SANCHEZ dijo...

Sinceramente, esta es una de las películas mas sobrevaloradas que existen. Ojo, sobrevalorada, no quiere decir mala. Michael Mann en mi opinión tiene una única gran película que es "el dilema". El resto es un buen cine técnicamente hablando pero con una gran frialdad y falta de empatía. A esta película le falta alma y le sobran pretensiones, además que es tópica, llena de clichés, mal actuada e irregularmente montada. No creo que sea mejor que ni Collateral ni "El ultimo mohicano" Y los que tanto la defienden, piensen en lo siguiente, se estrenó en 1995, y no mereció ni siquiera una nominación a los Oscars o globos de oro, ni a ningún premio del cine europeo, no apareció en la lista de mejores pelis del año. Y sus actores, geniales en otras películas están desaprovechados, paradójicamente alguien tan mediocre como Val Kilmer está mejor que Deniro y Pacino.