jueves, 16 de mayo de 2013

Crítica de 'LA NARANJA MECÁNICA' (1971) de Stanley Kubrick


Revisando La naranja mecánica por enésima vez me ha dado la sensación de que estaba frente a  una obra de Stanley Kubrick más que nunca. Me explico. Es frecuente encontrar referencias cinematográficas en la obra de un autor, casi diría que es algo lógico, obligado. No así en Kubrick. La única referencia que se advierte en su obra, sobre todo desde 2.001: Una odisea del espacio (1968), es él mismo. Veámoslo. 

En la secuencia inicial de la paliza al borracho, éste pronuncia un discurso que más bien parece una alusión a dicha película: Es un cochino mundo porque ya no hay ley  ni orden, un mundo donde los jóvenes como vosotros se meten con los viejos como yo. No… ¿A qué clase de mundo hemos llegado? Los hombres conquistan la luna, dan vueltas alrededor de la tierra…  Y mientras tanto, aquí abajo nadie se  molesta en preservar la  ley y el orden”. La secuencia que presenciamos a continuación es una pelea entre la banda de Alex y sus drugos contra Billy Boy y sus secuaces. Ambos grupos pelean por la conquista del territorio, de la misma forma que lo hacían los primates en 2.001. No acaba ahí la cosa. En la secuencia de la tienda de discos el espectador más avispado puede contemplar un disco de la banda sonora de 2.001; y en la pelea entre Alex  y sus drugos por la orilla del río en cámara lenta, Alex hace uso de un cuchillo oculto en su bastón que recuerda sobremanera a la secuencia donde el primate aprende a usar el hueso como arma homicida. Kubrick es un cineasta tan peculiar tanto en la forma como en el fondo, que no necesita de ninguna fuente anterior para inspirarse. Él mismo se basta para hacer cine.




Kubrick, por tanto, es coherente consigo mismo y con su propia obra. El futuro que veíamos en 2001: Una odisea del espacio, era un futuro desarrollado tecnológicamente pero en el que la relaciones humanas no destacaban precisamente por su calidez, más bien habitaba un clima frío dentro de estas. En La naranja mecánica, más allá de lo que se refiere a la violencia, las relaciones humanas llegan a ser todo lo frías que se esperan de Kubrick, por ejemplo, pensemos en los padres de Alex (Malcolm McDowell), que se mantienen totalmente al margen de su hijo, llegando a reemplazarle por un inquilino con total normalidad. La banalidad, por otro lado, con la que está reflejado el tema sexual es apabullante (la secuencia de Alex acostándose con dos chicas a la vez en cámara rápida así lo refleja, así como los diversos objetos sexuales tratados a la manera de obras de arte). Un mundo desalmado y violento en el que habita el hombre del futuro, desarrollado tecnológicamente pero donde nos movemos en el terreno de lo afectivo mecánicamente.




La naranja mecánica pervive después de 42 años desde su estreno porque habla de un concepto universal, la condición humana y la libertad de elegir. El hombre es precisamente hombre porque posee libertad de elección, libre albedrío, en palabras de Tomás de Aquino. Ya sea  para elegir el mal, que es lo que hace el protagonista Alex, o para hacer el bien, el ser humano tiene la capacidad de elegir (el personaje del párroco de la prisión es el que refleja claramente este concepto en el film). En la película se retrata a Alex como un vil personaje que es capaz de hacer el mal simplemente por diversión, a modo de juego, cantando mientras tanto Singing’ in the rain. Un personaje despreciable que, sin embargo, guarda dosis de  humanidad aunque no lo parezca y Kubrick  nos lo hace ver sobre todo en dos detalles: es capaz de disfrutar de la música de Ludwig Van Beethoven y de sentir amor por un ser vivo, una serpiente. El personaje, además, desde el punto de vista físico, posee un divertido rostro, pelo rubio y unos angélicos ojos azules, detalles que consiguen sabiamente que no se le considere un monstruo del todo. Kubrick parece decirnos a través de él que la especie humana es así, dos caras de la misma moneda.


Pero La naranja mecánica no es sólo el análisis de una psique, de un sujeto, sino que disecciona todos y cada uno de los elementos que pueden ser fruto de reflexión en la sociedad, sin dejar títere con cabeza, dicho sea de  paso. Una narración que no deja apenas respiro empieza descubriéndonos las fechorías perpetradas por el cabecilla Álex y sus drugos, donde somos testigos de la violación de una mujer, de la paliza a un viejo borracho o una pelea entre bandas; para a continuación ir desplegando poco a poco la descripción de unos personajes que, en el fondo, no son mucho mejores que Álex: un político al que sólo le interesa ganar unas elecciones; un escritor traumatizado que miserablemente usa a su antojo a Alex, quien pasa de verdugo a víctima casi instantáneamente; el celador de la cárcel que trata con desprecio infinito a los reclusos; unos padres que no habiéndose preocupado de dar una educación adecuada a su hijo, sin atisbo de duda lo reemplazan por un vulgar inquilino; una pareja de policías que se aprovechan de su poder y que en el  pasado eran cómplices de las fechorías de Alex; los médicos que emplean el terrorífico método Ludovico, etc.





Kubrick en su obra en general y en esta en particular, habla de la condición humana, la sociedad,  la tecnología, la educación, la ética, el sexo y la violencia, tratando a ésta de una manera inédita hasta entonces, esto es, de una forma hermosa, con grandes secuencias donde las peleas no son sino bailes minuciosamente coreografiados mediante las partituras magníficas de Gioachino Rossini.  Era la primera vez que el publico contemplaba una violación explícita en el cine, la de la mujer del escritor, pero Kubrick, consciente de ello, la suaviza mediante el tarareo de fondo de la famosa canción Singin’ in the rain, no por ello dejando la escena más digerible y menos terrible. 

Con todo y eso el film, desde el punto de vista cinematográfico, es una delicia para los sentidos pese a la dureza de lo que muestra, gracias a la técnica impecable de un maestro insuperable con una mirada única, que supo valerse del cine como instrumento y vehículo para hablar del mundo que nos rodea y de lo que somos como especie y como sujetos, sin influencias, sin tapujos, sin pelos en la lengua. Su principal referencia siempre fue él mismo, como su propio cine demuestra, per se.

EDUARDO M. MUÑOZ 

8 comentarios:

Antonio Martín de las Mulas dijo...

Y eso por no hablar del paso de estado de naturaleza al estado civil, es decir de minoría de edad a mayoría de edad, es decir, de adolescencia a madurez, mediante la integración de las normas sociales.

Eduardo Muñoz Barrionuevo dijo...

En efecto. Es un tema que también está en la película, y en otras de su filmografía.
El cine de este hombre es un todo, donde en el fondo habla de lo mismo en todas y cada una de sus cintas. Es lo que me interesaba resaltar, ya que este tipo de matices a veces se pierden en los mundos de la crítica. En el caso de Kubrick además, habiendo abordado casi todos los géneros cinematográficos, puede llegar a dar la sensación de que cada film es distinto. Pero una homogeneidad temática abraza a su obra.

Antolín Martínez dijo...

Hay que ser un atrevido para dejar una reseña muy corta de tan grande realizador cinematográfico, pero seré tan atrevido como fue él.
Creo que Kubrick apuntó mucho hacia algo que es constatable, no solo en su obra, en el mundo: hemos avanzado tecnológicamente muchísimo, pero moralmente nada. Algo de eso está en este comentario, aunque escrito de otra manera, más erudita y más elegante. Kubrick fue un realizador atípico sobre la condición típicamente humana, demasiado humana.
Siempre buenos comentarios aquí donde el señor Coppola. Saludos.

El Cinéfago dijo...

¡Hola, compañer@! Sé que no me paso mucho por los comentarios, lo cual no quiere decir que no siga el blog en la sombra. Como el tuyo es de esos blogs que más visito he decidido otorgarte el premio Liebster, por no romper la cadena que propone y porque me parece una manera ideal de premiar el talento y el trabajo que se dedica a los blogs. Lo tienes en mi blog, por si quieres pasarte y verlo. Y tranquilidad, no es obligatorio seguir la cadena. A seguir así y felicidades.

Eduardo Muñoz Barrionuevo dijo...

Pues muchas gracias, amigo Cinéfago. Nos pasaremos por tu blog.

Afectuoso saludo.

E.C. Belmont dijo...

Interesante análisis, yo no he terminado de ver la película por equis o ye razón, siempre me quedó a la mitad... bueno, ahora que leí esto seguro que la veré con ojos diferentes. Un saludo!

Anónimo dijo...

Un post interesantísimo! Me encantan las dos películas, pero nunca me había parado a reflexionar sobre sus similitudes. Os quería avisar de una promo que tiene Vips. Te regalan entradas gratis para los Kinépolis de Madrid al beberte cuatro cervezas. Tarde de cerveza y cine, lo mejor que hay!! Jeje. Os dejo el link https://www.facebook.com/vips/app_451643441576597

Juan dijo...

Esta película es bestial