lunes, 12 de diciembre de 2011

LOS SUEÑOS DE AKIRA KUROSAWA: CUERVOS (AKIRA KUROSAWA´S DREAMS: CROWS, 1.990)

¿Por qué no estás pintando?. Para mí este paisaje es increible. Los paisajes que parecen un cuadro no llegan a cuadros. Si miras con atención, toda la naturaleza tiene su belleza. Cuando aparece esa belleza natural me pierdo en ella. Y luego como en un sueño el paisaje se pinta así mismo para mí. Sí..., consumo este paisaje natural, lo devoro entero, completamente. Y luego, cuando acabo, el cuadro aparece completamente ante mí. ¡Pero es tan difícil mantenerlo adentro!. (Fragmento de Los sueños de Akira Kurosawa: Cuervos)
Cuervos es otro de los cortos de 10 minutos que integran la sensacional Los sueños de Akira Kurosawa (1.990). Si en el corto "El pueblo de los molinos de agua", perteneciente a la misma cinta, Kurosawa ponía en tela de juicio el advenimiento imparable e ineludible de la nueva sociedad tecnológica, ahora, en Cuervos nos habla de la estética, de la belleza presente en la naturaleza, y sobretodo de la relación esencial que existe entre el artista, la naturaleza y el tiempo.
                     

Vemos a un joven artista japonés, provisto de unos lienzos, y lo vemos en una galería de arte contemplando algunos de los cuadros más famosos y reconocidos de Vincent Van Gogh. De manera parecida a como sucede en el fantástico cuento de Alicia de Lewis Carroll, el joven artista se interna magicamente en uno de los cuadros de Van Gogh, y concretamente en el que lleva por título El puente de Langlois en Arles.  Desde dentro del cuadro, desde ese universo recién aperturado, desde el mismísimo arte de Van Gogh, el joven japonés encamina sus pasos en busca del encuentro personal con el artista pelirrojo. Acompañado del preludio en re bemol mayor nº 15 de Federic Chopín, y guiado por quienes le tachan de loco, finalmente lo encuentra en medio de un hermoso campo de heno dorado por el magníficente sol. El legendario director americano Martin Scorsese hace de actor aquí y encarna formidablemente a Vincent Van Gogh.  Vemos a un Van Gogh obsesionado con la belleza, la busca con anhelo, con desasosiego, con zozobra interior, y de esta guisa lo vemos mirando nervioso para un lado y para otro, para un lado y para otro, con un bloc de dibujo entre las manos, como un medium de la naturaleza para plasmar ahí, para anotar, antes de que se vaya el sol, una belleza tan profunda que haga campo al campo, sol al sol, o trigo al trigo, en la misma superficie de su lienzo. Van Gogh está obsesionado con la delectación y la captación de las esencias de las cosas, esa belleza natural de la que habla y que en todo se presenta a poco que uno mire atentamente el mundo. 


Dicen por ahí que el cuadro de los cuervos lo pintó dos días antes de darse un disparo en el pecho. Dios sabe si ese cuadro se haya concluido. Pero lo que es evidente es la carga simbólica que presenta: un hermoso campo de trigo y unos cuervos como reminiscencia suprema de la muerte. Un muchacho japonés se enfrenta a todo esto cada vez que mira uno de esos cuadros. Porque la mirada en el cuadro no se consuma en la delectación banal, sino que, al contrario, ha de trascender a comprender toda la vida o la muerte, todo el drama, toda la pasión que en cada pincelada puso el artista al alumbrar la obra.

Vincent Van Gogh es un pintor de pintores, un artista auténtico y ajeno a las modas parisienses, a las reuniones en las cafeterías, a los contactos interesados y al interés económico, vanidoso y profesional que sí se daban por parte de sus compañeros de profesión en el centro neurálgico del arte de aquellos tiempos: París. Por eso todo lo que tiene este corto de estimación y valoración del arte de Van Gogh y de su personalidad artística, de su entrega fidedigna, pura, desinteresada y transparente a la belleza es lo que tiene también de consideración hacia el verdadero arte y hacia los verdaderos artistas. Aquellos que para ser no necesitan ningún tipo de reconocimiento.

ANTONIO MARTÍN DE LAS MULAS

3 comentarios:

Eduardo Muñoz dijo...

Es uno de los sueños que más me gustan de la película. Hermoso y cautivador.

Antonio Martín de las Mulas dijo...

Coincido: hermoso y cautivador.

David C. dijo...

Kurosawa es un genio. Recuerdo que vi Rashomon y de ahí no pare hasta verme absolutamente todas sus películas. Se aprende mucho para la vida.