lunes, 18 de noviembre de 2013

Crítica de 'MI ENEMIGO ÍNTIMO' (1999) de Werner Herzog


“Nunca hubiera imaginado que alguien pudiera rabiar de esa manera durante 48 horas…”      
(W. Herzog)

El documental comienza con mucha fuerza, mostrando a un Klaus Kinski provocador en uno de sus famosos monólogos teatrales sobre Jesús. En ellos buscaba provocar e irritar a los espectadores, y a su vez el público acudía a los mismos para ver a Kinski desatado y en plenos ataques de ira. Insulta al público, desata su famosa coprolalia (tendencia patológica a proferir obscenidades) e incluso llega a amenazar con agresiones físicas a algún atrevido que le planta cara y niega que nuestro protagonista sea “El Mesías”.

Cambiamos de escenario y nos vamos a Múnich donde Werner Herzog nos enseña la casa donde convivió con Kinski en su infancia. Éste era un joven actor que pasaba hambre, penurias, y caminaba desnudo por la modesta pensión.  Los inquilinos le tenían miedo por sus ataques de ira y rabia. Herzog nos cuenta aquí algunas anécdotas en las que quedan reflejados sus ataques de rabia, como la del crítico teatral al que atacó con un plato de comida porque dijo que Kinski había estado maravilloso, a lo que el iracundo actor respondió gritando que su interpretación no era maravillosa sino soberbia y trascendental.  En otra ocasión, unas camisas mal planchadas provocaron que Kinski rompiera una puerta a cabezazos y gritara durante horas.



Volvemos a cambiar de escenario y Herzog nos lleva al río Urubamba, para iniciar un recorrido por los cinco films en los que ambos colaboraron. Aguirre, la Cólera de Dios (1972) era la sexta película de Herzog, que tenía en aquel momento 28 años. Kinski se había unido al proyecto lleno de entusiasmo, a través de una llamada telefónica de madrugada, llena de sus habituales gritos, en este caso de aprobación. La película contaba con un presupuesto muy modesto, y además no había ningún productor que se “atreviera” a invertir en este producto tan osado. El rodaje fue un auténtico caos lleno de inclemencias climatológicas, problemas con los extras indígenas, y ataques de ira de Klaus, a veces provocados para motivarle en su interpretación de un loco como Aguirre y a veces espontáneos e inesperados. Un momento muy conocido fue el enfrentamiento cuando Kinski reclamaba continuos primeros planos que le son negados por Herzog, a lo que Kinski dijo “estás loco” y fue respondido por el director “ya somos dos”. Se nos presenta también el testimonio de Justo González, que interpretó el papel de uno de los soldados españoles en la expedición de Aguirre, y nos relata cómo en una escena de saqueo llegó a ser atacado con un sable por Kinski, fruto de sus ímpetus a la hora de identificarse con el personaje, y a su ira incontrolada a partes iguales. Dice que Klaus odiaba a sus semejantes, se creía sublime, perfecto, estaba por encima del mal. Esa mentalidad le llevó a rechazar papeles ofrecidos por Truffaut, Visconti, Fellini... y en cambio lo más excéntrico e inesperado le atraía.

Durante el rodaje de la película Klaus amenazó con dejarla a medias, al igual que había roto anteriormente más de 30 contratos. Herzog amenazó con dispararle si se iba, lo que provocó los gritos de Kinski llamando a la policía, que se encontraba a mas de 450 kilómetros de distancia. Esto creó la famosa leyenda de que Herzog rodó el film amenazando de muerte a Kinski y apuntándole con un arma. Lo que sí que consiguió es una locura controlada del actor, ideal para conseguir un final sublime e hiperrealista de la película. Como señal de admiración ante su loco favorito, Herzog nos habla de algo que él denomina “el giro kinskiano”, una invención del actor, para aparecer delante de la cámara pegado a ella y girando para aparecer ocupando toda la imagen, en una especie de gesto torcido,lo que unido a su rostro tan tremendamente expresivo da una fuerza inigualable a la imagen.



A continuación Herzog nos habla de la admiración que tenia por Kinski desde adolescente por sus papeles, siempre exagerados, pero llenos de un gran espíritu de profesionalidad y de búsqueda de la perfección. Ambos se odiaban y admiraban a partes iguales,  no se podían ver pero no podía prescindir el uno del otro.

Llegamos al lugar de rodaje de Fitzcarraldo (1982), recorriendo el río Pongo, río de crecidas devastadoras, y en el que se rodaron escenas en las que el equipo de rodaje y el propio Kinski arriesgaron sus vidas. En las escenas del barco un cámara resulto herido al chocar la nave contra las rocas en una crecida del río, todo con un Kinski desatado y también mostrando su lado humano ayudando a curar al herido. Herzog, comparado con Kinski, nos parece sensato y razonable, pero es otro loco genial, en lugar de usar maquetas todas estas escenas del río se rodaron con un barco real y con extras indígenas,  viviendo a la intemperie, en plena selva. Uno de los indígenas fue picado por una serpiente, y se tuvo que auto amputar el pie. La reacción de Kinski ante esto fue protestar por cuestiones triviales, necesitaba ser el protagonista, entendía ese momento de la amputación como que le estaban robando protagonismo a él, lo mismo con una avioneta de miembros del equipo que se estrelló, y cuando todos esperaban noticias, él se desgañitaba protestando por un café demasiado frío. Es famosa la pelea que se rodó entre bastidores con Walter Saxer, jefe de producción del film. 





Por el contrario, la relación con la protagonista femenina, Claudia Cardinale, fue siempre muy cortés y cordial, para la actriz era todo un caballero, y con el que no tuvo ningún problema, aunque reconoce su carácter pasional e impulsivo. Por último, también comentar que se dice que un jefe indio ofreció a Herzog asesinar a Kinski, ya que los indios lo odiaban y le tenían miedo, oferta que el director declinó.

Después se rodaron Nosferatu (1979) y Woyzeck (1979), en el rodaje de esta última, que se desarrolló en la República Checa, Klaus coincidió con Eva Mates, para la que Kinski es el actor más profesional con el que ha trabajado, lo admira, lo respeta y dice que conectó con él con una gran intensidad. Cuando la actriz fue premiada en Cannes por su papel, Kinski, en lugar de estar envidioso la felicitó y mostró gran cariño y sensibilidad hacia ella. Aquí vemos la clara bipolaridad que muestra nuestro personaje.

La última colaboración fue en la controvertida Cobra Verde (1987), donde hay escenas memorables al más puro estilo Kinski, como cuando dirige el asalto al palacio del rey, totalmente desatado y con violencia real, encabezando unas masas de extras totalmente hipnotizados con su fuerza y carisma. La última escena que rodaron juntos es la escena final del film, metáfora del final de una época de colaboración entre ambos, con un Kinski agotado, derrotado, que se consume.



Klaus abandonó el rodaje antes de finalizarlo, estaba obsesionado con su proyecto de Paganini (1989), en el que ya no va a colaborar con Herzog, en mi opinión por desgracia, ya que podíamos haber tenido un sexto producto de calidad fruto de la colaboración de estos dos locos geniales. En cambio, Kinski solo y desatado hizo una película de grandes pretensiones que se quedó en una gran extravagancia, producto de muy difícil digestión, en el que Kinski dejó todas sus energías.

Dos años después este torbellino de la naturaleza murió de un ataque cardiaco en su casa de California, en 1991, a los 65 años.

Se odiaban, se amenazaban, pero en el fondo ambos eran conscientes de que se complementaban, se necesitaban, y colaborando salía a la luz lo mejor de ambos en cuanto a talento cinematográfico se refiere.

“Nunca eché de menos a Kinski, porque cuando murió la relación que había tenido con él ya había dejado de existir. Sin embargo, de vez en cuando me doy cuenta de que extraño a ese cabrón.” Werner Herzog.

ANTONIO JAVIER REGIDOR PUERTO

2 comentarios:

Eduardo M. Muñoz dijo...

La verdad es que Kinski, tal y como muestra el documental, estaba como una regadera. Sin embargo, era un genio de la interpretación que, sumado al genio de Herzog, lograban experiencias únicas en el séptimo arte, tales como "Aguirre", "Nosferatu" y "Fitzcarraldo".

Antolín Martínez dijo...

Como dicen ustedes (¿vosotros?) los españoles, joder! Enemigo interno se llamó aquí The bad lieutenant (Teniente corrupto), con Nicholas Cage. Con razón al principio no entendía lo de Kinski. Pero éste sí se llama Enemigo íntimo. Ok. Bueno, la existencia de Kinski está justificada tan solo con haberle dado vida a Natassja (a pesar de que hoy ya está algo golpeada por Cronos). He dicho.