miércoles, 20 de noviembre de 2013

Crítica de 'BLUE JASMINE' (2013) de Woody Allen



No es la primera vez que Woody Allen realiza un análisis de la clase alta en contraposición a la clase baja-obrera, dos especies lo suficientemente heterogéneas como para crear brillantes situaciones de comicidad fruto de su virtuosa pluma (me viene a la mente aquel divertidísimo film titulado Granujas de medio pelo [2000], sobre nuevos ricos a los que le viene demasiado grande el papel). Sin embargo, no van por ahí los tiros en Blue Jasmine. En esta ocasión Woody Allen abandona su rol de comediante, aunque exista lugar para los chistes perfectamente encajados, y nos sumerge en el drama de Jasmine (una soberbia Cate Blanchett en el mejor papel de su carrera), una mujer poderosamente rica que se ve, de la noche a la mañana absolutamente arruinada y obligada a cambiar de hábitos sociales al tener que alojarse forzosamente con su hermana Ginger (Sally Hawkins), de clase baja. Un auténtico descenso a los infiernos para ella.

La odisea vital de Jasmine, quien pasa de lo más alto a lo más bajo, del todo a la nada de un día para otro, sirve al  maestro neoyorquino para reflejar uno de tantos casos inmersos en la crisis económica, sólo que en lugar de escoger al currito estafado elige de protagonista a la mujer de un millonario, aportando un punto de vista tremendamente original, al mismo tiempo que homenajea a la Blanche DuBois de Un tranvía llamado deseo (Tennessee Williams). El film se encuentra estructurado en dos tiempos narrativos, el pasado y el presente. Los flashbacks tienen su justificación en los viajes al pasado que Jasmine realiza contraponiendo su situación actual con la remota, sirviendo además para que Allen demuestre, una vez más, ser un virtuoso de la narrativa cinematográfica. Consiguen dar asimismo al film una estructura elegante y dinámica que no permite en ningún momento que el aburrimiento se deje caer.



Pese a sus momentos de humor, que los hay, Woody Allen no es nada compasivo con su criatura y ni siquiera permite que se desinhiba a la manera de la protagonista de Alice (1990), con unas hierbas mágicas, ni como la de La rosa púrpura de El Cairo (1985), quien encontraba salvación a su existencia en una sala de cine. Jasmine, por su parte, no encuentra consuelo alguno en su nueva forma de vida. Allen parece vengarse desde la ficción de los responsables de la crisis económica. Porque tan culpable es el estafador que vive a expensas del dinero ajeno como la esposa de éste que mira para otro lado mientras disfruta de su vida de lujo. En ese sentido, estamos ante un Allen abocado al realismo extremo al mismo tiempo que va cumpliendo años, y no construye aliciente alguno para su Jasmine, sino sólo resignación, en uno de los finales más duros que se recuerdan en su obra, para deleite interpretativo de Cate Blanchett, dicho sea de paso, que nunca estuvo tan creíble ni tan conmovedora.

No estamos ante una película más dentro de la acostumbrada cita anual en la cartelera de Woody Allen, sino ante una obra sublime dentro de la filmografía del cineasta neoyorquino, a la que habría que encasillar dentro de sus obras maestras, donde nada falla: espléndida construcción de personajes, inmejorable guión, excelente ritmo, buena realización, sublime dirección de actores. Sólo falla una cosa: la incertidumbre de saber si próximos trabajos de Woody Allen volverán a ser tan perfectos.

EDUARDO M. MUÑOZ 

3 comentarios:

Tere dijo...

Qué ganas de verla!

adam quintero young dijo...

Con aun mas ganas ahora de ver BlueJasmine

Anónimo dijo...

Allen muestra su fineza en la comedia. Ahí sí que nos emociona con maestría. Hace muy poco revisé Manhattan y Annie Hall, y me sentí con ganas de gritar desde mi terraza que son dos películas inmortales; aguantan sin tara el paso de los años
Hace muchos años Allen retrató también esta realidad con Alicie, una historia un tanto cómica de una mujer que decide dejar su lujo y vivir de una manera más humilde pero feliz.
Allen retrata de una manera clara y evidente estos dos mundos.
Blue Jasmine parece una copia deslucida de Un tranvía llamado deseo: la historia es la misma, las dos hermanitas muy diferentes, una de gustos populares y otra aristocrática, una feliz la otra muy neurótica que escapa de su historia anterior, las mentiras sobre el pasado.
Destaca por encima de todo y de todos la interpretación de Cate Blanchett que está espectacular, sin ella probablemente la película perdería su mayor baza y se quedaría prácticamente en nada.