miércoles, 30 de abril de 2014

Crítica de 'OCHO APELLIDOS VASCOS' (2014) de Emilio Martínez-Lázaro


Ocho apellidos vascos ya es la película española más vista en nuestro país, y la segunda más taquillera de la historia de nuestra cartelera, superada tan sólo por Avatar. Ya ha sobrepasado en recaudación a Titanic y Lo Imposible, y ha sabido imponerse al estreno de blockbusters del tamaño de The amazing Spider-man 2: El poder de Electro o PompeyaAdemás, ha logrado colarse en el top ten de la taquilla mundial.

Estamos, qué duda cabe, ante el mayor fenómeno cinematográfico del año en nuestro país. Emilio Martínez-Lázaro y su equipo han acertado en el centro de la diana conquistando a media España con esta comedia protagonizada por Clara Lago y Dani Rovira. Pero, ¿qué nos cuenta Ocho apellidos vascos para haber amasado tal fortuna? ¿Cuál es la clave de su  éxito?


Lo que vemos en el film de Martínez-Lázaro parece no tener nada de especial, ya que su esquema, de una forma u otra, lo hemos visto miles de veces en el cine y la televisión. Se trata de una comedia de situación del tipo chico-conoce-chica y quiere conquistarla, donde ambos deben actuar, además, delante del padre de ella para que no se descubra cierta verdad que no desvelaremos. Las situaciones que surgen a partir de ahí, para desconcierto sobre todo de dicho padre (un impagable Karra Elejalde), consiguen que la risa esté asegurada.

Lo que hace especial, sin embargo, esta película (y es sin duda la clave de su éxito) es la forma que tiene de acercarse y reírse de esos prejuicios tan irracionales y al mismo tiempo tan nacionales y nuestros que llevamos tan idiosincrásicamente en nuestras entrañas. Esos mismos que hacen que un madrileño no pueda ni ver a un catalán, ni un (en este caso) andaluz a un vasco, y viceversa. El guión de Ocho apellidos vascos (de Borja Cobeaga y Diego San José) no se queda por tanto en el mero terreno de la comedia romántica al uso, sino que arriesga en su propuesta de hacer al mismo tiempo una sincera, autocrítica y divertida mirada a los prejuicios de nuestro país y conseguir que todos nos riamos de nosotros mismos. Y decimos todos, porque si existe alguna persona andaluza o vasca que se haya podido sentir ofendida, es porque no ha entendido la propuesta. Palabra de andaluz.




La fórmula de Ocho apellidos vascos funciona a la perfección porque respeta y utiliza con acierto las reglas básicas de toda comedia romántica. Una de las lecciones fundamentales que nos ha dado el género desde tiempos de Billy Wilder es que el ritmo no debe decaer nunca. Lo cumple sobradamente. Además, el conjunto de los actores están brillantes en todas y cada una de las secuencias, en función de la acción, del primero al último. Poseen una química extraordinaria y transmiten gancho y frescura (gran descubrimiento el de Dani Rovira y espléndida actuación de Clara Lago, pese a que el acento vasco que merece su personaje brille por su ausencia). Por su parte los chistes están religiosamente medidos y dejan incluso algún tiempo para que el público ría, hasta que aparezca el siguiente. Su guión, milimétricamente construido, aporta tanto buenos diálogos como esperpénticas situaciones. Por otro lado, utiliza con gran acierto una de las bazas de toda comedia que se precie: introducir al personaje principal en un mundo que le es ajeno y extraño a la vez, sacando todo el provecho posible de la situación. Y, por supuesto, sabe emplear el tópico: “Los polos opuestos se atraen”, con acierto.

Como si de un edificio se tratara, todo en esta comedia sabe estar en su justo lugar, para que no se venga abajo. Algunas cosas se hubieran podido hacer mejor, como por ejemplo su previsible final, típico de este tipo de comedias. Pero al final el esquema prototípico es el que manda. Matices al margen, el gran logro de Martínez-Lázaro ha sido conseguir una brillante cinta a través de una fórmula que hace años hubiera sido una quimera y nadie se hubiera atrevido a hacer: satirizar sabiamente el tan delicado y espinoso tema de ETA. Consecuencia, por otra parte, de que las cosas en España han cambiado a mejor.


Ante el éxito, el equipo ya trabaja en la segunda parte. Su título: Nueve apellidos catalanes. ¿Conseguirán igualar o superar el fenómeno? En su debido momento lo averiguaremos. 

EDUARDO M. MUÑOZ

1 comentario:

Jessica Day dijo...

Muy buena crítica. Un placer leerte!