lunes, 20 de diciembre de 2010

BALADA TRISTE DE TROMPETA (2010) de Álex de la Iglesia


Las películas que no te dejan pestañear ni mirar el reloj durante las dos horas de visionado y que hacen de la experiencia de ir al cine una delicia deberían tener una categoría especial, un género propio. Da igual de lo que traten, ya sea comedia, drama o terror. Balada triste de trompeta pertenece a ese género que aquí propongo, el género de las películas que te dejan clavado en la butaca.

Desde el comienzo ya sabemos que algo inquietante va a ocurrir, con unos maravillosos títulos de crédito que nos hacen un resumen fotográfico del pasado reciente de nuestro país. A continuación, no hay respiro que valga, ya estamos metidos de lleno en el universo de Álex de la Iglesia. Desde la brillante primera secuencia de la película, este bilbaíno de 45 años y Presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, sabe cómo atraparnos. Ha estudiado al público sabiamente, como hacía Hitchcock, y sabe lo que el espectador quiere. Y todo esto sin dejar de hacer un cine tremendamente personal.

La historia arranca a finales de los años 30, en plena Guerra Civil Española, y posteriormente se sitúa en los años 70 del último franquismo. El enfrentamiento entre dos payasos por el amor de una trapecista es el núcleo central de la cinta. La Guerra Civil no sólo sirve a De la Iglesia para formar una trama brillante, sino también de metáfora: Dos payasos enfrentados, dos Españas enfrentadas.


El mundo del circo es mostrado de una forma muy personal, muy original. Todos son personajes marginales, una peculiar parada de los monstruos a la española. Y cada uno tiene un motivo para dedicarse al circo, sobre todo la figura del payaso. El personaje de Antonio de la Torre (el payaso tonto) llega a decir en un momento de la película que él es payaso porque de lo contrario sería un asesino. También sirve de metáfora, en mi opinión, al tema central de la película: la guerra como un circo.

La mezcla de géneros que desarrolla Álex de la Iglesia es formidable, hay de todo: comedia, amor, pinceladas extraídas del cine de terror, acción, algo de gore... aunque fundamentalmente es una historia trágica. En otros trabajos suyos, como la magnífica El día de la bestia (1995), también descubrimos que se desenvolvía muy bien en la combinación de diferentes géneros, pero aquí ha alcanzado su grado máximo. Ha demostrado ser un maestro en hacer un tipo de cine muy arriesgado del que muy pocos salen airosos. Y no sólo lo ha bordado, sino que ha firmado su mejor película.

La mayor parte del éxito reside en los actores protagonistas. Me quito el sombrero sobre todo ante Carlos Areces, conocido por los programas de televisión Muchachada Nui, La hora chanante y Museo Coconut. Me dejó sin palabras su interpretación, que transmite de forma excelente la transformación que sufre su personaje a lo largo del film, de la cordura a la locura... No hay palabras, es mejor verlo. Antonio de la Torre también está magnífico. Quizás quien no esté tan a la altura es la actriz que interpreta a la trapecista, Carolina Bang, que también trabajó con Álex de la Iglesia en la serie de televisión Plutón BRB Nero. Pero ante semejante dúo la chica lo tenía complicado.


La ambientación, los decorados y la excelente fotografía de Kiko de la Rica recrean de forma magistral la época. Por momentos parece que estemos asistiendo a un documento audiovisual, y a este respecto ayuda que sucesos reales se fusionen con la trama (por ejemplo el atentado de ETA contra Carrero Blanco).

Y en todo este universo personalísimo no podía faltar un final apoteósico, como ya tenía El día de la bestia (1995) en las Torres Kio de Madrid o La comunidad (2000) en la azotea de un céntrico edificio también madrileño. En esta ocasión el final no podía desarrollarse en otro lugar que el Valle de los Caídos, que sirve a De la Iglesia para hacer un homenaje al Hitchcock de Con la muerte en los talones (1959), cuyo final se desarrollaba en el monte Rushmore.

Estamos, por todo lo dicho, ante el mejor cine español que hayamos visto en mucho tiempo. Pocas películas actuales tienen un arranque y un final tan magnífico como ésta y te dejan reflexionando durante días. La balada triste de De la Iglesia lo consigue. Es una película con sabor trágico, nostálgico, diferente, que ha triunfado por derecho propio en el Festival de Venecia. Quizás no sea apta para paladares exquisitos, pero el análisis que hace de las raíces del país en el que vivimos no dejará indiferente a nadie.

EDUARDO M. MUÑOZ 

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Eduardo yo confieso que salí decepcionado o mejor dicho de mala leche. Es cierto que los títulos de crédito son acojonantes, (a-co-jo-nan-tes), y que Carlos Areces y Antonio de la Torre rubrican una actuación de Goya, pero la interpretación del resto del reparto joden la película a más no poder. Ni Santiago Segura, ni Fernando Guillén Cuervo, ni pollas en vinagre. El montaje es un destrozo y el guion..., bueno del guion no quiero ni hablar. A mi juicio la película está desorganizada, desestructurada y desacompasada. Hay muchas cosas que pulir y quitar. Demasiado grotesco, demasiado. Le doy un 3. Antonio.

Irene mr dijo...

yo quiero ir a verla...haber si ahora en estas fiestas voy!!!tiene que estar bien..y mira que cuando la vi anunciar pense : que paranoya pelicula!!!!pero es de esas peliculas que aunque las veas un poco raras te atraen!!!

Anónimo dijo...

Vaya, esta vez no hemos coincidido amigo Antonio. A mí me gustó ésta y me pareció un rollazo BIUTIFUL. Para gustos los colores.
No me parece que la película esté desestructurada en absoluto, sino que tiene un gran guión en el que todas las piezas encajan excelentemente. Me ha perecido originalísima, distinta, inolvidable. Quizás coincida en que alguna actuación está mas floja, pero es que el dúo protagonista se come a todo el reparto.
Lo del montaje tampoco me parece cierto, le da a la película el ritmo adecuado a la narración. Vamos, que me ha encantado.
EDU

Anónimo dijo...

La diferencia nos enriquece. Un abrazo. Anto.