sábado, 8 de enero de 2011

PI (FE EN EL CAOS), (PI: FAITH IN CHAOS, 1.998) de Darren Aronofsky




Pi, fe en el caos, (1.998), es una película rara, pero precisamente en su rareza radica su virtud. Nadie puede negar que con esta ópera prima el director de cine Darren Aronofsky haya forjado un estilo muy personal de decirnos las cosas. Porque lo que llama la atención por encima de todo, no es el contenido de lo que se cuenta (algo menor), sino la forma de como se nos narran los acontecimientos. En esta forma reside todo el potencial de la película. 



Basta fijarse por ejemplo en la excelente fotografía de la película. En blanco y negro. Se componen una suerte de encuadres minuciosamente ordenados y visualmente poderosísimos. Hay imágenes que no se olvidan fácilmente: la mirada del actor Sean Gullette (Max Cohen), los cerrojos de la puerta de su casa o las pastillas que toma, obsesivamente, en el cuarto de baño, son una buena muestra de la fuerza que rebosan. El fuerte contraste entre los claroscuros es francamente efectista. Este contraste constituye una atmósfera atormentadora y martirizante con la que se comunican muy bien los cambiantes estados de ánimo que experimenta el protagonista. Su dolor se hace nuestro. Él se siente atormentado de la misma manera que a nosotros nos angustian las imágenes que vemos. La música se integra al unísono con la textura argumental. Una música propia de videoclips marginales o undergrounds, o de las discotecas de los empastillados y los pasados de rosca;  muy adecuada para evocar el individualismo contemporáneo que rezuma la cinta, así como su paranoia asfixiante y obsesiva. 



El ascetismo judio, la cábala, las matemáticas, la doctrina de Pitágoras conforman la temática de la película. Un tema interesante para cualquier indocto, pero liviano e intrascendente para cualquier alma de culto. El argumento en sí, el argumento a solas no tiene consistencia. Se agota en la evidencia de unas relaciones matemáticas entre la Torá judia, nuestro mundo contemporáneo, la economía bursatil y el número pi. La idea de un universo matemático, la idea de un modelo geométrico, la composición última e íntima de las cosas, las espirales intrínsecas a todo, el número áureo, o los 216 números secretos de la cábala, son ideas hermosas y atractivas, que sin duda atrapan al espectador desde el primer momento. Pero a pesar de ello, no hay trama de valor ni consistencia argumental. Todo aquello que lo pretende ser depara en la derrota y el conato frustrante. Todo intento de establecer una línea de argumento se queda en una mera excusa para sacar a relucir la filigrana formal que presenta la cinta. Aquí el argumento es sólo una pieza de relleno que confiere desarrollo y condición de filme. 



El indudable valor de la película deriva de su capacidad impresionante de trasmitir sentimientos complejos, desarreglos mentales, delirios, estados de ánimos que lindan con la paranoia, la obsesión, o la locura. La gran virtud del director y su equipo es la de la narración a través de los elementos técnicos que se ponen en escena. Con inusitada maestría Aronofsky se vale de una técnica de iluminación, de fotografía y de sonido para expresar los desvaríos que devanan lo sesos de Max Cohen. El director utiliza los encuadres centrados y efectistas, hace gala de un elenco de primeros planos descomunales, y todo ello lo jalona con una filmación pretendidamente desvencijada, acelerada por momentos, acompasada en otros, e implementada eficazmente con la técnica de time-lapse. 

La puesta en escena, la banda sonora, los efectos de sonido, todos los elementos técnicos coadyuvan en construir un clima tan desolador como intimista, donde el protagonista trata de llenar su vacío existencial con las fórmulas del universo. La atmósfera desagradable, e incómoda que el director construye nos acerca en carne viva al tormento del protagonista, a  quién no sólo acabamos viendo desde dentro, sino que además sentimos sus disfunciones, sus desarreglos psicológicos y su desasosiego delirante. Este es el gran hallazgo de este filme. Por eso Pi, fe en el caos, es una perla negra para cualquier cinéfilo. Una perla ineludible en toda videoteca que se precie de serlo. Un buen vino que gana con los años. Un gusano de seda que el día menos pensado se convierte en una bella mariposa.

ANTONIO MARTÍN DE LAS MULAS

9 comentarios:

Eduardo Muñoz dijo...

¿Sabes donde vi esta película por primera vez? En el Paraninfo de la Facultad de Filosofía. Me sorprendió gratamente, ya que refleja muy bien la idea de que la naturaleza está escrita en caracteres matemáticos. Pitagorismo y galileismo fusionados en un film. Grandioso.

Lo que Coppola quiera dijo...

No hay mejor sitio para verla que allí, cerquita de la facultad de filosofía. Recuerdo que Agustín Juarez, cuando explicaba a Pitágoras decía que había dos escuelas diferenciadas. Los Mathematicoi y los Acusmaticoi. Es decir los que estudiaban la relaciones de los números con el universo y los que lo relacionaban con la música, con la acústica. Luego hablando con Fernando me explicó lo de la proporción aurea inserta en la naturaleza. Todo un mundo por descubrir.

Eduardo Muñoz dijo...

Desde luego. Te recomiendo del mismo director "El luchador" (2008). Y en Febrero estrena una nueva con Natalie Portman, que estoy deseando ver.

Lo que Coppola quiera dijo...

Y Requiem de los sueños que dicen por ahí que es otra maravilla. Es un director muy interesante.

Eduardo Muñoz dijo...

Esa no la he visto. Recuerdo que le encantaba a Jorge Yáñez.

Anónimo dijo...

El argumento de la pelicula Antonio,desde mi punto de vista es lo que tu llamas en tu párrafo:..el indudable valor de la pelicula...
Solo nos quiere mostrar como los genios se aislan del resto de los mortales y como su enfermedad esquinofrenica le hace absesionarse con las matematicas y su afan de realizar la teoria final, unir todas las teorias en una.
El ascetismo judio, la cábala, las matemáticas son un complemento a la enfermedad del protagonista de la película
No se si me explico. saludos, miki

Lo que Coppola quiera dijo...

Es otra manera de verlo Miki, muchas gracias por tu contribución. Una crítica a una película se complementa también con las opiniones de los lectores. Todo ello junto va formando una idea. Saludos. Antonio

Cine De Casa dijo...

Creo que esperaba encontrarme con otra película. La realización es muy buena y la locura que rodea a los genios está más que clara pero la historia no me gustó.

Yo entendí que el está buscando una cura a su locura y finalmente la encuentra, los números le marcan el lugar exacto de la cabeza y el taladro hace el resto. Que siga vivo me pareció algo anecdótico.

Si alguno vio Black Swan, es muy parecida pero con un guión más terrenal.

Muy bueno el blog. Te sigo!
http://moviespeace.blogspot.com/

Lo que Coppola quiera dijo...

Gracias por tu comentario Cine de Casa. Nosotros también te seguimos. Antonio