sábado, 13 de diciembre de 2014

Crítica de 'SARABAND' (2003) de Ingmar Bergman


Ingmar Bergman, prestigioso artista (que ha contado y sigue contando con fervientes admiradores y fieles herederos más o menos encubiertos como François Truffaut, Woody Allen, Michael Haneke, Lars von Trier, Wes Anderson o Alejandro González Iñárritu entre otros. También caben en esta interminable lista legiones de cinéfilos y directores, que lejos de que la obra bergmaniana les haya influido, la admiran profundamente, como Sam Mendes o Sidney Lumet) que dirigió en 2003 'Saraband', la secuela de 'Secretos de un matrimonio' que rodó 30 años antes, en 1973.


El filme, titulado Saraband tanto en la versión original como en la española traducida, no es más que una alusión a una danza española del siglo XVI que se introdujo como movimiento musical en las suites barrocas. De tal manera, el genio sueco crea con los personajes de Secretos de un matrimonio su encuentro 30 años después, trazando estructuralmente una obra de preciosa arquitectura musical, con diez movimientos (diez capítulos) un preludio (prólogo) y una coda (epílogo), cimentando así un filme digno de admiración sobre un guión marca de la casa Bergman (largos diálogos profundos marcados por el miedo a lo desconocido, arrepentimiento del pasado, posible existencia de Dios y la muerte) que fiel a la zarabanda, hace que en cada escena solo haya una pareja en acción, dependiendo de cada situación puede ser hombre-mujer, hombre-hombre o mujer-mujer, y las conversaciones de tales parejas van acercandose y alejándose insinuantemente por la puesta en escena meticulosamente calculada por los cinco directores de fotografía que salen acreditados en este telefilm (Stefan Eriksson, Jesper Holmström, Per-Olof Lantto, Sofi Stridh, Raymond Wemmenlöv; ya que el impagable Sven Nykvist dejó la perfecta dirección de fotografía habitual huérfana después de su muerte), pero a las ordenes del incomensurable talento de dirección del monstruo Ingmar Bergman y por el impecable trabajo de producción, ambientación y dirección artística del mismo.


Los actores, (sólo cuatro en todo el film) al tener que lidiar con las escenas largas y con solo un compañero o compañera, tienen el reto de llenar la pantalla, y así lo hacen: Liv Ullman y Erland Josephson siguen espléndidos a su edad y la joven Julia Dufvenius llega al listón de los dos grandes actores suecos. El cuarto y último actor es Börje Ahlstedt, que a sus 64 años de edad, sigue llorando y sufriendo como nunca antes le habíamos visto hacer.

La película, al tener una estructura de 12 escenas, podría tener un resultado con una estructura poco definida y con altibajos, pero el talento de Bergman para la escritura de guiones y la dirección de actores, sobre todo para las mujeres, hace que esta película sea un auténtico regalo, tal y como la describió la revista Fotogramas el año del estreno.

ANDREU ARRIBAS PIQUÉ
@andreuarribas

3 comentarios:

Francisco Martín Vivas dijo...

Demuestra ser una gran peli. Agradezco que me descubran buenas películas pues a veces se pierde mucho el tiempo con cine sin contenido.

Antolín Martínez dijo...

Digno broche de cierre de una carrera muy prolífica, no solo en cantidad, pero en calidad. Bergman siempre será Bergman y el cine queda en deuda con él.
El DVD original incluye una entrevista con Bergman y su equipo de filmación, en la que el director habla -ya francamente- de la muerte, pues la tenía encima: ya el cáncer estaba anunciando los créditos finales de una vida significativa.
Todo un Bergman.

Anónimo dijo...

bestiaaaa boig crack