viernes, 18 de marzo de 2016

Crítica de 'TRIBUNAL' (2014) de Chaitanya Tamhane




Chaitanya Tamhane realiza en ‘Tribunal’, a través del pretexto de un juicio contra un cantante protesta (al cual se le acusa de forma rocambolesca de inducir al suicidio a un empleado del alcantarillado), una perfecta radiografía de la sociedad india y al mismo tiempo una crítica a su arcaico sistema judicial. Tamhane aborda así el tema desde un punto de vista original al no centrarse en la figura del condenado, al que apenas vemos un par de veces en el film, para centrar su relato en el contexto, acercando la obra en espíritu, aunque salvando las distancias, a míticas cintas judiciales como 'Matar un ruiseñor' (1962, Robert Mulligan)



Las escenas propiamente judiciales se van alternando con las de la vida cotidiana del abogado defensor y de la fiscal, personajes antagónicos que sirven para reflejar precisamente los dos tipos de sociedad india que el cineasta pretende subrayar. Por un lado el abogado se podría definir como racional y con un alto sentido de la justicia, empleando para ello el argumento deductivo como arma característica en el juicio. Dentro del mundo de la justicia india, un perfil escaso, crítico y a fomentar. La fiscal por su parte es una madre de familia más cercana al pueblo llano y, por tanto, a la sociedad que se pretende criticar, envuelta en tradición, prejuicios e inflexibilidad.


‘Tribunal’ es una flamante ópera prima no exenta de matices y referencias culturales. Lo rocambolesco, absurdo e irracional del propio proceso judicial en cierto modo recuerda al universo de Franz Kafka en ‘El proceso’, donde el protagonista de la novela no sabía exactamente de qué se le estaba acusando. Y el propio tratamiento del cantante, el típico personaje molesto para las autoridades, sería algo así como un Sócrates moderno al que interesa quitar de en medio.


Lejos estamos, por tanto, de los ambientes lujosos de las producciones de Bollywood. El retrato expuesto en ‘Tribunal’ es la otra cara del país, el de la gente sencilla y la injusticia. Por ello, para dotar de realismo al conjunto, Chaitanya Tamhane se sirve de actores no profesionales, a excepción de los protagonistas, y los enmarca en flamantes planos fijos y largos en Cinemascope, los cuales desprenden un aroma, en ocasiones, de cine documental.


El film obtuvo dos premios en el Festival de Venecia de 2014, fue seleccionada por la India para optar al Oscar de Hollywood y ha conseguido más de 18 premios en aproximadamente 45 festivales internacionales. Una película a descubrir de esas que no dejan indiferente.

EDUARDO M. MUÑOZ